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Por muchos sitios pasamos de largo. Ni los vemos, aunque por un
momento estén delante de nosotros.
La cámara de video lo refleja bien, a su manera, cuando
se mueve del punto 1 al punto 2, sin interés por los puntos 1,5 o 1,4142.
Vemos veinticinco cuadros por segundo: esos puntos desaparecen sin darnos tiempo
para registrarlos. También así pasamos de largo.
El video muestra movimiento, como la vida. Pero existe un truco
que la vida no ofrece: podemos parar la proyección y ver los cuadros estáticos,
uno por uno. Podemos detenernos en esos sitios de transición, que antes,
al grabar o filmar, pasamos de largo.
Eso son las fotos que aparecen en esta página. Cuadros
detenidos que pertenecen a videos de sitios que pasé de largo, que la cámara
pasó de largo, que estaban ahí pero no tuvieron la oportunidad de
registrarse por completo. Extremadamente fugaces, en la percepción, en
la memoria y en la cinta magnética.
¿Qué muestran? Hay algo parecido a fantasmas, espíritus
de esos lugares por los que pasé de largo. Pero no los lugares propiamente
dichos: son irreconocibles, tanto los de Madrid como los de Buenos Aires o Nueva
York, o cualquiera de los demás, no tienen nada que los ate a su punto
de origen.
Pero hay otro modo en que se han borroneado. Está pasando
el tiempo. Los cuadros más viejos tienen, cuando escribo esto, once años
de antigüedad, y siguen envejeciendo, distanciándose de aquel retazo
de luz que los produjo. Lo que contienen, entonces, no son fantasmas: son fantasmas
de fantasmas.
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