De viaje·Exploraciones

Rada Tilly: Chicos de palabra

“Chicos de palabra” es una muestra interactiva y a la vez una campaña de promoción de la lectura que organiza cada año la Secretaría de Cultura de Rada Tilly. De manera original, imaginativa, se invita a los chicos de escuelas de la zona a leer y jugar en grupo. Y también a volver con sus familias.

La creatividad de María José Abeijón (secretaria de cultura), Adriana Vázquez (directora del Taller de Arte de Rada Tilly) y el equipo que trabaja con ellas es sorprendente. Ojalá el evento vaya teniendo cada vez más difusión, sobre todo fuera del área local, y eventualmente llegue a repetirse en otros lados. Acá en Buenos Aires, por ejemplo, le daríamos la bienvenida con entusiasmo.

El año pasado alcancé a curiosear la segunda edición. Este año me invitaron a participar en la tercera con actividades paralelas: talleres de lectura y escritura para adultos y para chicos de secundario. Fui, disfruté (incluso trabajando) y saqué fotos. El viaje y el disfrute no se pueden compartir; algunas de las fotos están acá abajo.

Para una de las actividades de “Chicos de palabra” usaron mi libro Justo cuando. Hicieron un jenga gigante. La consigna consiste en que cada jugador, a su turno, diga un “cuando” del libro (por ejemplo, “cuando estás por cruzar la calle y empieza el otoño”) antes de mover su pieza.

María José Abeijón describe el mecanismo, durante la inauguración.

Un grupo de chicos juega.

No falta mucho para que esto caiga. Por eso el casco.

Después del juego, el libro descansa en un bolsillo de la pared.

Otra actividad consiste en elegir una botella de un montón. Cada botella tiene un mensaje adentro. La idea es responder al mensaje en un papel (con forma de botella) y pegar la respuesta en la pared, que de a poco se llena de mensajes.

En relación con esa idea, María José creó esta “Biblioteca de Náufrago”:
Pantallas traslúcidas, linternas, siluetas recortadas forman un teatro de sombras. Un grupo de chicos armó esta representación, mientras uno de ellos los grababa con el celular.

Hay mucho más en la enorme sala de exposiciones del Centro Cultural Rada Tilly, donde se lleva a cabo “Chicos de palabra”. Las fotos siguientes, en desorden absoluto, muestran algunos rincones, algunos momentos.

Antes de todo esto, fui cuando todavía estaban armando todo. Pero fuera de hora, como para tener el lugar para mí solo. Sigue una variedad de fotos de ese momento: luces, sombras y colores son mérito de las diseñadoras.

Como frutilla del postre, coincidieron en el lugar Ruth Kaufman y Luciana Mellado. Acá, todos payaseamos entre los peces:

El sitio Rada Tilly Noticias tiene una buena descripción de “Chicos de palabra”:

“Chicos de Palabra” es una experiencia de los sentidos y de los sentires, una propuesta de descubrimiento estético, de incubación personal, de nutrición, expresión y escucha. Se trata de un espacio de narración y juego con la literatura que además suma en esta oportunidad un taller junto al escritor Eduardo Abel Giménez.
“Imaginamos y desarrollamos esta propuesta convencidos de que la lectura es contagiosa e imprevisible y que es la palabra la que nos constituye como seres sociales. Esta vez, el eje será la riqueza de las lenguas, el lenguaje en movimiento y el espacio estará atravesado por los mundos sutiles”, contó la Secretaria de Cultura, María José Abeijón. (…)
Cada año las ediciones proponen un eje diferente. En la primera, el ambiente invitaba a hacer una inmersión en los universos de diversos libros elegidos especialmente por abrir paso a la creatividad, la ciencia, los vínculos o la aventura, mientras que en la segunda edición el eje fueron las versiones de historias clásicas en un ambiente onírico de bosque monocromático.
Sobre esta tercera edición, la Secretaria de Cultura, Maria José Abeijón, anticipó que “este año tendremos una estética marina- submarina jugando también con la fusión cielo-mar. Nos centraremos en los mundos sutiles – lo ingrávido, lo que flota, las sombras- en un paralelismo con el lenguaje como coreografía, como el movimiento envolvente de la palabra, lo frágil, lo poético y lo preciso”.

Finalmente, alguien me sacó esta foto jugando al jenga. Con casco.

De viaje

Rada Tilly: marea alta

Hace unos días subí unas fotos que tomé en Rada Tilly, durante la marea baja. Cuando volví con marea alta, el paisaje tenía otras cosas que decir.

La playa es tan horizontal que entre una marea y otra el mar avanza y retrocede tal vez doscientos metros, aunque el nivel del agua no cambie tanto.

Seis horas antes, en el espacio que muestra la foto no había una gota de agua marina.

El sol, a mi espalda.

Sombra en la espuma.

Para esto es el terraplén.

El viento despeina la ola. (Esta foto es ahora mi fondo de pantalla.)

Como si no hubiera nadie en ninguna parte.
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Rada Tilly: marea baja

Algo que aprendí en Rada Tilly, y miren que fue tarde en la vida eh, es cuánto cambia una costa el estado de la marea. Claro que en Rada Tilly la diferencia es bastante dramática. Estas son algunas de las fotos que saqué el 19 de septiembre, alrededor del mediodía, con marea baja. En una próxima galería llegará el turno de las fotos de marea alta: otro planeta.

Uno llega donde suele estar el mar, pero el mar se fue para allá donde señalan las nubes.

Mirando al sur: la Punta del Marqués.

Mirando al norte: el cerro que esconde a Comodoro Rivadavia.

En medio de Rada Tilly, frente a la playa, hace el ridículo el único edificio alto del lugar.

¿Vale jugar con el color?

¿Vale jugar con las nubes?

Cuando despertó, la Punta del Marqués seguía estando allí.

La playa llega hasta la punta de mis pies.

No son solo estas dos. Todas las aves apuntan en la misma dirección.

Piedra libre a Comodoro, allá atrás.

¿Todo lo que sube tiene que bajar?

Estaba a punto de levantar vuelo.
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Poco tráfico

Estuve dos semanas en Rada Tilly, al lado de Comodoro Rivadavia, invitado por la secretaría de cultura de la municipalidad. Ah, la tranquilidad. Fue la primera vez en largo tiempo que Google dijo que había poco tráfico en mi zona. El truco era cambiar de zona nomás.

Sobre el tramo cortado en el camino que iba por la costa: durante la tormenta terrible del 29 de marzo pasado, que inundó la zona de agua y barro, el alud rompió un puente del lado comodorense del cerro que separa ambas ciudades. El puente permitía cruzar el Río del Tordillo, un hilito de agua francamente amateur que ese día se profesionalizó con honores.
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En tren de Montreal a Nueva York (video, 1992)

En invierno, la vida de Montreal está hecha de nieve. Algo se siente en este video, aunque el frío quedó allá.

A principios de febrero de 1992 viajé en tren de Montreal a Nueva York, con la cámara Sony 8mm que tenía desde el año anterior. Desde la partida, a la mañana, hasta que se hizo de noche en el camino, grabé dos horas. Hay zonas urbanas, pero más campos nevados y bosques. Sobre todo bosques hermosos y oscuros, que según el momento pasan de a poco o con velocidad interestelar.

Acá va una edición de esas dos horas, reducidas a treinta y tres minutos. No es fácil verlo todo, me imagino, a menos que uno se deje hipnotizar por el movimiento. Me doy cuenta: video analógico, cámara en mano, no son indicadores de calidad. Así que apuesto por lo extraterrestre (no siempre, hay momentos humanos).

Mientras subía el video a YouTube me di cuenta de que ya no estamos en 1992. Quiero decir: en aquella época era difícil conseguir información; los datos estaban fijos en un lugar y uno tenía que moverse para ir a buscarlos. Y además se escondían.

Ahora puedo buscar en Google y dejar que el resultado me abrume. Resumiendo, en media hora me enteré de lo que no supe sobre ese tren durante todos estos años.

Y más videos en YouTube:
Este parte de Montreal, como el mío. Grabado en otoño de 2012, se notan enseguida las dos diferencias: de estación y de época. (También se nota que la cámara está apoyada en un trípode, y el trípode en el piso del tren: cuando el tren va rápido la imagen vibra mucho; en mi video la imagen se mueve un montón, pero de otra manera.)

Y este parte de Nueva York, así que muestra lo que yo no vi porque era de noche. Pero es invierno.

Hay más en YouTube. Y ni que hablar de lo que aparece buscando en Google Images. En comparación, siento que hace veinte años, sin Internet ni celulares, la vida estaba hecha de siglo diecinueve.

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Desde el tren

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Mientras viajaba en tren con la cámara de video en la mano veía pasar un mundo del que iba registrando fragmentos veloces. Esto ocurría entre 1991 y 1993. Hace mucho menos tiempo, en 2002, instalé en la computadora una placa de captura de video. Así empecé a digitalizar esos fragmentos, y, por primera vez, a ver cuadros detenidos. El mundo que apareció fue otro, diferente del recordado. Aquí hay algunos detalles de ese nuevo mundo que estaba oculto en la memoria. (Publicado originalmente en una página de La Mágica Web.)