encontrado·Gabriel

Caída

Gabriel me cuenta una adivinanza que leyó en alguna parte de la red:

—¿Qué es lo que tiene cuatro patas, le aúlla a la luna y es de cemento?

—No sé, ni idea.

—Un lobo.

—¿Eh?

—Lo del cemento era mentira.

Y así cae para siempre, sin remedio, de una manera que nunca hubiera imaginado, el edificio aparentemente indestructible de las adivinanzas.

Diario·Gabriel

Auto limpio

Llevo el auto a lavar, después de mucho tiempo. Cuando lo traigo de vuelta sube Gabriel al asiento de atrás, como siempre (Gabriel es mi hijo, tiene diez años), y enseguida me dice:

—El auto huele igual a cuando fui a Verónica.

Lo miro sorprendido, por el espejo retrovisor. La ida a Verónica fue hace como seis meses. Entonces agrega:

—¿Viste qué bien ando de la olidez?

Me río:

—De la olerancia, querrás decir.

Se ríe:

—No, de la olfatitud.

Nos reímos los dos. Y nos ponemos de acuerdo en que cualquiera de esas palabras debería existir.

Pero Gabriel no está contento.

—El auto me gustaba más cuando estaba sucio.

—¿De veras? —mientras arranco pienso un poco—. Claro, lo que pasa es que ahí atrás tenías restos de cada caramelo, cada galletita, cada chocolatín que te comiste en los últimos meses. ¡Al lavar el auto se llevaron tu memoria!

Gabriel se mueve, hace algo que al principio no entiendo. Escarba, digamos.

—¡No se llevaron todo! —dice después, y me muestra el celofán que envolvía un sorbete de caja de Gatorade.

—Ah, no, es trampa —contesto.

—También hay un papelito de caramelo de miel.

—¡Pero qué vergüenza! —protesto—. Voy a pedir que me devuelvan la plata proporcional. Si había ciento veintitrés papelitos y dejaron dos, eso significa que me deben…

—Como tres centavos.

—Y sí, voy a reclamarlos.

—Pero no tenés en cuenta que también lavaron por afuera.

—Cierto. Un centavo y medio entonces.

—¿Vas a reclamar por un centavo y medio?

—Sí, claro.

Hay una cuadra de silencio, mientras sigo manejando, y entonces Gabriel remata:

—No te olvides de mi comisión por haber encontrado los papelitos.

Así andan las cosas por aquí.

Gabriel

Best of Soccer

—Tengo una idea para un sitio en la Web —me dijo Gabriel, mi hijo, que ahora tiene diez años—. Aparecen los nombres de dos jugadores de fútbol, y tenés que elegir cuál te parece mejor. Y con avisos, así ganamos plata.

—Bueno —le contesté, mientras me acordaba de Ning, un servicio que permite hacer cosas así.

Hubo avances y retrocesos, cambios de opinión, y una hora después lo teníamos: Best of Soccer (en inglés porque Ning no ofrece otros idiomas, y traducir toda la aplicación es un problema).

Gabriel ya anotó un montón de jugadores, y promete más.

Querido visitante de La Mágica Web: estás invitado a Best of Soccer y, te guste o no el fútbol, votar por los mejores jugadores.