Bolsa sin clasificar·Mario Levrero en mi blog

Ascenso

“Hay agentes que merecen un ascenso”, me escribió Jorge Varlotta (Mario Levrero), en octubre de 2002.
Marcados por la muerte

“La tapa corresponde al libro Marcados por la muerte, novela policial de Brett Halliday; editorial Zig-Zag, Serie El Sabueso, Chile, sin fecha (probable principios de la década del 50). Portada de Charles Burlacov”.

Y ahora el detalle. “Obsérvese al policía”, dice Jorge, “tranquilamente parado sobre un charco de sangre, iluminando el culo de una mujer que se aleja”.

Bolsa sin clasificar·Notas al paso

Notas al paso: Encuentro

En medio del desfile de gente desconocida que recorre la avenida Crámer viene un hombre que me resulta vagamente familiar. La barbilla hacia adelante, el pelo gris peinado sobre la frente, la mirada con algún rencor antiguo que no se puede descifrar. El problema es que no sé si debo saludarlo o no. Está fuera de contexto: podría ser un vecino de mi edificio, y entonces el saludo sería obligatorio, pero también podría ser alguna de esas personas que cruzo con cierta frecuencia pero con quienes no hay relación alguna. Por un momento le veo en la expresión la misma duda: sus ojos se detienen en mí una décima de segundo extra, ese momento clave del posible reconocimiento que no termina de cuajar.

Ambos seguimos caminando, uno hacia el otro, usando lo que podría llamar carriles paralelos en la vereda. La tensión dura varios metros, un tiempo ilimitado a la velocidad del pensamiento pero que en el reloj no puede ser más que dos o tres segundos. Entonces, de pronto, caigo: es el dueño de ese lugar donde venden unas empanadas horribles, digo “venden” pero en realidad no deben vender nada, y si alguien les compra después seguro que vuelve a preguntar cómo demonios pueden hacer algo tan incomible. Es ese tipo al que sólo una vez le hablé, justamente para pedirle empanadas de las que luego me arrepentí inmensamente, pero al que veo casi cada día, camino a la casa de mis padres.

Qué alivio el reconocimiento, qué suerte evitar ese movimiento de cabeza incómodo que según el caso se pueda interpretar como saludo o como tic, esa señal de desorientación que luego vuelve como material de pesadillas. Y es un reconocimiento sin saludo, claro, porque el saludo no corresponde. Es algo, tal vez lo único, en que estamos de acuerdo, y si lo pienso bien no deja de ser una forma diferente de saludo. Él también sigue de largo, pasa junto a mí como yo junto a él. De ahí en más nos ignoramos.

(De la Mágica Web, 27/3/2003.)

1 Encuentro
(La foto es de junio de 2003. No fue este señor el del encuentro de arriba.)
Bolsa sin clasificar·Links·Tus ojos

“Enamorada de Tus Ojos”

Circo Golondrina, el blog de Julieta Abiusi, tiene una linda reseña de Tus ojos. Además, propone un juego: extender la idea del libro al resto del cuerpo.

Circo-Golodrina-juego-creatividad-tus-ojos-3

Dice Julieta, luego de la foto de arriba:

La primera vez que leí Tus Ojos, sentí que era el mismísimo libro que se me declaraba. Como si yo fuera la destinataria de ese narrador tan contundente. Se me pusieron los cachetes colorados, me conecté.
Los versos tienen tanto jugo y juego poético que te explotan el corazón. “Tus ojos son como la conjugación tan irregular del verbo ir”. ¡Qué locura!

Escrito por Eduardo Abel Gimenez e ilustrado por Cecilia Afonso Esteves, es un libro para enamorarse.
Y también para jugar: se me ocurre que los versos de Eduardo tienen un estilo tan personal que podríamos seguir su idea con otras partes del cuerpo. Pensar en “Tu nariz es”… “Tu boca es”… “Tus rodillas son”… “Tus tobillos son”… Eso o lo que más te guste.

Y ahí viene su versión, Tu nariz:

Circo-Golodrina-juego-creatividad-tus-ojos-4

Me enamoré yo también, Julieta. ¡Gracias!

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Viaria

En una caja de papeles viejos encuentro esta hoja de cuaderno suelta, sin fecha. Por la letra y el estilo, la debo haber escrito en los setenta. Habrá sido el comienzo de un proyecto que no seguí, como tantos. El texto, que ocupa el frente y la primera línea del dorso, describe un mundo cubierto de vías de tren. Algo como Railsea, novela de China Miéville, publicada en 2012; o como Transmundo, historieta de Enrique Alcatena y Eduardo Mazzitelli, publicada como libro en 2013, escrita y dibujada unos años antes. Me hace gracia, porque en su momento me sorprendió que a Miéville, por un lado, y a Alcatena y Mazzitelli, por el otro, se les hubiera ocurrido lo mismo. Y resulta que…

(En caso de querer leerlo, click para agrandar.)

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La reina Tamara de Georgia

Estatua ecuestre de la reina Tamara, en Mestia, Georgia (foto por Marina Berri)

Tamara (o Tamar, o Thamar, 1160-1213) reinó en Georgia entre 1184 y 1213. Se casó, expulsó a su marido del reino, volvió a casarse, tuvo dos hijos (Jorge y Rusudan), conquistó territorios, consolidó la “Edad de Oro de Georgia”. Legó el reino a su hijo (número IV de los Jorges reyes del país), y Jorge a Rusudan. Es una heroína popular, que los georgianos ven cotidianamente en los billetes de 50 lari:

Hay un buen relato (serio) de su vida en el sitio Ancient Origins. Y otro todavía mejor (menos serio en el lenguaje, pero bien documentado) en el sitio Badass of the Week. Los dos en inglés, como tiende a ocurrir en la web. Ejemplo de por qué el segundo es más necesario que el primero: “She also spent a lot of time praying in an awesome fucking cave fortress so insanely cool you’ll wonder why they didn’t make a goddamn Indy movie about it.”)

El aeropuerto de Mestia se llama Reina Tamara.

 El aeropuerto Reina Tamara tiene este precioso edificio-gusano que mira al visitante con curiosidad (fragmento de una foto de TheFlyingDutchman, licencia CC BY 3.0 unported)

Mientras tanto, en algún otro rincón de Georgia…

Ovejas georgianas (foto por Marina Berri)

(Esto es pasear a través de ojos ajenos. Marina mandó las fotos, y me puse a investigar.)