Mes: enero 2014

Premio Fundación Cuatrogatos 2014 para Monstruos por el borde del mundo

La Fundación Cuatrogatos anunció los libros ganadores del Premio 2014. Son 20, entre los que aparecen obras de María Teresa Andruetto y María Wernicke, y también mi novela Monstruos por el borde del mundo (Buenos Aires, Edelvives, 2012).

La justificación del premio para Monstruos dice:

“Narrativa con muchas capas y multiplicidad de lecturas, que se aventura por caminos novedosos en la ciencia ficción iberoamericana. Sugestivo contrapunteo fantástico en el que dos universos (¿la realidad cotidiana y la virtual?) se entrelazan a través de los sueños, y que apuesta por una historia de amor entre jóvenes. El autor despliega ante sus lectores-cómplices una variedad de elementos narrativos y les permite (y reclama) organizar esas piezas de distintas maneras. Un hermoso recordatorio de la infinitud del universo y del conocimiento.”

Sobre el premio:

“El principal objetivo de esta distinción es contribuir a destacar los valores de las obras premiadas, para que lleguen, durante este año 2014, al mayor número posible de hogares, escuelas, bibliotecas y otros espacios donde se propicie el encuentro de los jóvenes lectores con obras de calidad. También es un reconocimiento a los escritores, ilustradores, diseñadores gráficos y editores dedicados a la producción de libros para la infancia y la juventud.”

¡Gracias!

El oráculo de Ximenez

Un breve programa para divertirse un par de minutos. En WordPress.com no se puede ejecutar código dentro de un post, así que hay que verlo en mi blog Ximenez.

 

Al caer la noche, la luna menguante va dejando estrellas en el cielo

Recorridos

JavaScript en un post

Un ensayo de JavaScript. Como en WordPress no se puede ejecutar código dentro de un post, hay que verlo en mi blog Ximenez.

El día D: los comentarios

El año pasado Natalia Méndez inventó un nuevo proyecto de blog anual: “El día D”. La idea se entiende sola al ver cómo empezó:

  • 1 de enero: Día de lluvia con sol
  • 2 de enero: Día de las formas de comunicarse
  • 3 de enero: Día de las uñas de colores
Así hasta el 31 de diciembre. Como ya hizo con una idea anterior, “Una palabra por día” (que lleva varios años, cada año con una autora diferente), al terminar 2013 Natalia invitó a otra persona a seguir con “El día D”.
El bocadillo extra fue que me invitó a mí. Y me estoy divirtiendo mucho.
Empecé el primero de enero, y se me ocurrió acompañar la frase de cada día con una imagen. A veces la asociación es inmediata, a veces no tanto. Considerando que los blogs vienen en caída libre en cuanto a visitas, lo vengo publicando en Facebook, donde también pido que otras personas pasen por el blog para anotar sus propios “días de”.
El resultado: en los primeros veinte días, hay más de cien comentarios en el blog. Creativos, personales, originales… Estoy sorprendido, encantado y agradecido con esto. Así que acá abajo va un grupo de esos comentarios, a razón de uno de cada cinco, seleccionados con el criterio de representar la diversidad más que la calidad. (Después de todo, ¿qué cuernos es la calidad?) No pongo los autores por dos razones: no estoy seguro de que quieran ser identificados más allá del blog de origen; y los comentarios forman un mundo unitario en sí mismo, del que es autora una comunidad y las personas empiezan a difuminarse. Los nombres de los autores, entonces, se pueden encontrar en “El día D”, junto con los otros comentarios.
Acá van, arbitrariamente elegidos, por orden de aparición:
  • Día de cerrar para abrir
  • Día de tirar un dado
  • Día de que me lean historietas como cuando era niña
  • Día de tapar las manchas de la pared
  • Día de trasplantar cactus que han crecido a macetas más grandes
  • Día de buenas ideas
  • Día de lanzacuchillos a la chica que gira
  • Día de bloquear las redes sociales (lo cual parece que se opone a la charla, pero resulta que no)
  • Día de tengo ganas, pero me da fiaca
  • Día de aletear
  • Día de estrenar un koinobori naranja
  • Día de cantar una canción que no sepamos… hasta que la sepamos
  • Día de vacío y la huella
  • Día de duelo
  • Día de acomodar ideas
  • Día de ver algo especial en lo cotidiano
  • Día de volver a escuchar un disco que no te había gustado. (El mentado experimento tiene por hipótesis que el tiempo surte efecto en nuestras preferencias.)
  • Día de pegar colores en cada cuadrado del mosquitero
  • Día de escupir ideas masticadas (delicadamente por supuesto)
  • Día de respirar aliviado

El año del pin pon

Lo primero que me sorprendió al agarrar el libro fue el peso. Peso para tomo de enciclopedia. Como se ve en la foto, 583 gramos de un libro hermoso.

La siguiente sorpresa (aunque la verdad es que ya estaba preparado) fue con el peso del contenido. Diseño espléndido para que las imágenes brillen, para que nos convenzamos de una buena vez de que los chicos son genios del dibujo.

pin pon. Cuentos que van y vienen es el libro de 2013 del Taller Azul de Salta, que dirige Silvia Katz. Cada año Silvia hace un libro diferente. Esta vez la idea fue crear textos a partir de un ida y vuelta entre los chicos de su taller y varios autores adultos. Los adultos fuimos siete: Ruth Kaufman, Adela Basch, Sergio López Suárez, María Teresa Andruetto, Pablo Henriquez Micheletti, Daniel Sagarnaga y yo. Los chicos fueron muchos: 62, según el listado que aparece en las primeras páginas, repartidos en siete grupos, uno por escritor adulto.

Mecanismo: los chicos, el día del taller, escribían un pin. Por ejemplo, así empieza el texto en el que participe, titulado “El viaje de Crispín”:

pin: En el año mil seiscientos y chirolas nació en España un niño llamado Crispín, en una familia de clase alta. Cuando abrió los ojos por primera vez, uno era azul y el otro color café. Sus padres se asustaron porque pensaron que era una señal de mala suerte. Al poco tiempo se dieron cuenta que Crispín era mudo. Él escuchaba, entendía y estaba siempre muy atento a lo que decían, pero no podía hablar. Y en ese tiempo, no había cura para ese problema. Pronto aprendió a comunicarse a través de dibujos. Siempre estaba dibujando, y empapelaba su cuarto con creaciones tan raras y fuera de lo común que tenía que esconderlas cuando venían sus padres. Ellos le habían prohibido dibujar porque no entendían las cosas que hacía, creían que su imaginación estaba muy adelantada. Y para ellos, todo lo nuevo era malo. Crsipín se cansó de eso y un día se fue de su casa.

Entonces yo respondía con mi pon:

pon: Detrás quedaron los dibujos, en un espacio secreto que aparecía al retirar una piedra del muro. A Crispín le hubiera gustado llevárselos, pero sabía que solo podía cargar con lo más necesario: pan para pocos días, unas monedas que había ido sacando del tesoro familair, y más que nada la Piedra. Había encontrado la Piedra de pequeño, en lo más espeso de la vegetación que había junto al río, y desde entonces la llevaba siempre consigo. Por alguna razón, ya al principio supo que no debía mostrarla, y solo la sacaba de noche, en la oscuridad de su cuarto, oculto bajo las mantas. La Piedra, al apretarla un poco, brillaba. Y en el brillo aparecían cosas. Al día siguiente, Crispín trataba de dibujar lo que había visto, para no olvidarlo, pero era imposible dibujar todo, tan imposible como entenderlo. Sí, algunas cosas Crispín creía entender, pero no podía estar seguro. Lo único seguro era que nada de eso existía fuera de la Piedra, que la Piedra le mostraba elementos de otro mundo, otro tiempo. Otra realidad. Una madrugada, entonces, con la Piedra envuelta en un paño dorado, y todo escondido en un amplio bolsillo del pantalón, Crispín se alejó por el camino que llevaba a las montañas.

Y así durante muchas semanas. “El viaje de Crispín” tiene siete pin y siete pon. Los demás, cantidades semejantes.

Terminados los textos, se pusieron a dibujar. Terminados los dibujos, Silvia diseñó el libro. Y ahí se van notando las diferentes edades: empiezan con 5, 6 o 7 años quienes escribieron con Ruth Kaufman, los más chicos; terminan con 12 o 13 quienes escribieron conmigo, los más grandes; Para cada grupo, para cada texto, el libro muestra una atmósfera diferente, lograda a través de los dibujos mismos y de su empleo en la página, pero también a través de la elección de los fondos y la diagramación misma.

En el blog del Taller Azul se puede ver un montón de fotos de los chicos, de la presentación del libro, de cómo trabajaron… Vale la pena seguir el recorrido allá.

Fue un punto alto de 2013 colaborar en este libro. Le estoy muy agradecido a Silvia Katz. Esperemos que el 2014 venga acompañado por cosas así de lindas.