Mes: mayo 2008

El crítico de palabras. Hoy: peyorativo

Tengo una relación pésima con la palabra peyorativo.

Se me mezcla con epopeya.

Me pasa que quiero decir que algo es peyorativo, y la palabra no me sale, y lucho pero no hay caso, me viene a la cabeza la palabra epopeya, que se le parece tanto en la rareza, y la cosa no cierra. Epopeya es un tapón, un corcho que me impide ver más allá, y tengo que renunciar a la frase, a veces a la conversación entera.

—Lo dijo en sentido epopeya.

—¡Pero eso es muy epopeya!

Ya sé que no es culpa de peyorativo, sino de mi cerebro. Pero que nadie diga que se trata de una palabra amable con las personas.

(P.D.: ¿Popeya es la epopeya de Popeye? ¿O este es un comentario popeyorativo?)

Construcción lenta

c
ca
cal
cual
a cual
al cual
tal cual
tal a cual
tal ar cual
tal par cual
tal para cual

Brigitte se destacó

TapaLa Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (ALIJA) eligió mi novelita Quiero escapar de Brigitte entre sus Destacados 2007. Los fundamentos que dio el jurado son un placer:

Un planeta llamado Brigitte y el deseo de escapar de allí es la célula madre de esta novela de ciencia ficción, género en que el autor se mueve con absoluta soltura y destreza. El dominio de sus leyes genéricas tanto en el terreno literario como en sus manifestaciones en otros sistemas culturales (cine, historieta, etc.) se observa en el ejercicio paródico y humorístico que invita a revisitar escenas y procedimientos que pueden reconocer los habitués del género o ser el primer escalón para los que incursionan en él por primera vez. Gimenez con audacia y prosa original construye una voz de alguien que es presa de una misión y un deseo ajenos. Propone al lector que se sorprenda a cada paso junto con el narrador de los designios inasibles de una voluntad que revela gradualmente sus propósitos. Al ritmo de esta complicidad tapizada con las vertiginosas metamorfosis de quien cuenta es posible encontrar escenas de gran poder visual, casi cinematográficas.

En la lista completa de los Destacados (que acaba de aparecer en Imaginaria) hay muchas joyas.

Cosas que hay en mi biblioteca

Verne, Julio, 20.000 leguas de viaje submarino, Editorial Tor, Buenos Aires, 1957. 15 x 22. 5 cm.

Símil 10

Es como desenchufar esa máquina
y ver que sigue encendida,
destruirla a martillazos
hasta dejar sólo un alambre retorcido
y ver que sigue encendida,
cerrar los ojos, tapárselos con las manos,
hundir la cara en la almohada
y ver que sigue encendida.

Cosas que hay en mi biblioteca

Dumas, Alejandro, El Vizconde de Bragelonne, Tomo 1°, Editorial Tor, Buenos Aires, 1957. 15 x 22.5 cm.

Harto ya de estar harto

Pasa en todos los blogs. Uno hace un post inocuo, como tantos otros, y de pronto, por alguna razón inesperada, se llena de comentarios que no tienen nada que ver. El tema se potencia porque los posts con muchos comentarios le gustan a Google, y entonces cada vez hay más visitas, más comentarios, más Google, y así.

En algunos casos, los comentarios vienen bien. Son como plantas que crecen en una pared abandonada. El mundo se apodera del post y lo convierte en otra cosa, mejor y más útil.

En general pasa lo contrario. Este blog tiene varios casos. Uno de ellos, el número trece de la sección Personajes del barrio, llegó a un extremo que decidí no aceptar. Los insultos, la intolerancia, la ignorancia, la estupidez que acumulan los 174 comentarios aparecidos hasta hoy son demasiado para mí. Este blog (ningún blog) está obligado a recibir tanta basura. La libertad de expresión (que valoro inmensamente) consiste en que cada uno puede decir lo que quiera en su propio espacio, no en el de los demás.

El WordPress (programa con que administro este post) no ofrece una forma sencilla de borrar todos los comentarios de un post. De manera que pasé el post a “no publicado” y lo armé de nuevo: la misma foto, publicada con la misma fecha, con un título levemente cambiado (para que no se repita el fenómeno). Además, ese nuevo post no admite comentarios.

Quien quiera darse el gusto de mirar por qué hice esto, puede recurrir a una imagen que capturé, que contiene el post original y los 174 comentarios: está aquí, a un click de distancia (si aparece chica en el navegador, haciéndole un click se agranda a tamaño natural). Imagen y no texto, para que Google no vuelva a encontrarlo y el ciclo no se repita.

(De paso, también cambió la dirección del post. En la anterior, lamento decir, ahora aparecerá un triste “página no encontrada”.)

¿Y por qué no fui moderando la cosa a medida que ocurría? Por otorgar la mayor libertad posible a quienes pasan por aquí. Los únicos comentarios que vengo borrando sistemáticamente en este blog son los que insultan a mi hijo (de quien publiqué muchos dibujos). Eventualmente puedo borrar algún otro por razones muy particulares (en general porque insultan a alguna otra persona). Empiezo a creer que me equivoqué, y que hay que usar un criterio más estricto.

Hay otros posts por aquí que son candidatos al mismo tratamiento. Lo iré viendo.

Cosas que hay en mi biblioteca

Verne, Julio, La vuelta al mundo en 80 días, Editorial Sopena Argentina, Buenos aires, 1950. 14.5 x 22 cm.

Cosas que hay en mi biblioteca

Rieseberg E., Harry, Tesoros el el fondo del mar, Ediciones Peuser, Buenos Aires, 1961. 16 x 22. 5 cm.

Símil 9

Es como contar hasta diez con los dedos,
y después hasta cien, de diez en diez, con los dedos,
y después hasta mil,
de cien en cien,
con los dedos,
y así hasta llegar a números para los que no tenemos nombre,
aunque sí dedos.