Mes: octubre 2018

Damas suicidas

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Revista Humor & Juegos N° 19, febrero de 1082, página 29

Este es un juego de damas limitado a un tablero de 5×5. El negro ayuda al blanco a que le coma todas las piezas en la menor cantidad de movimientos que sea posible. El blanco, al final del juego, conserva todas sus piezas.

Las piezas mueven y comen igual que en las damas, pero cuando entran en dama (es decir, cuando llegan al extremo opuesto del tablero) se inmovilizan, quedan clavadas en la casilla a la que llegaron y no está permitido volver a tocarlas. El negro no se puede dejar soplar piezas. Cada vez que se pueda tomar una pieza de cualquier bando es obligatorio hacerlo.

Empieza jugando el blanco. ¿Cuántos movimientos necesita hacer para ganarle al negro? (Nosotros lo hicimos en ocho, ¿podrá alguien hacerlo en menos?)

(Voy a poner la solución en los comentarios, dentro de unos días.)

 

El Maestro Decorador de la Nada

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Revista Humor & Juegos N° 16, noviembre de 1981, página 21

Anderson Fripp, historiador aleatorio, curador de espanto, ingeniero en libertinaje y escritor de ciencia ficción, decidió una vez que el objeto de su vida era llegar a ser miembro de la Orden de los Caballeros Consagrados a la Decoración de la Nada.

(…)

—Mire estos números —dijo luego el M[aestro] D[ecorador].

Anderson Fripp le hizo caso, ya desesperado, y se encontró con lo que sigue [ver la foto].

—¿Qué es esto? —preguntó, mientras buscaba la puerta de salida.

—En un tiempo —contestó el M. D., acomodándose su Honroso Casco de Nada Importante—, aquí teníamos cuatro igualdades. Pero el Maligno Destructor de Nadas le hizo una transformación a cada uno de los números (la misma a todos), de modo que quedó esto. Usted tiene que deducir qué transformación fue, para restaurar las bellas igualdades. Le repito que tanto los números que están a la derecha de los signos como los que están a la izquierda han sufrido el mismo cambio, y que este cambio fue igual para los doce números.

—Me doy por vencido —dijo A. F, sin siquiera hacer un intento (cosa que nuestros lectores juzgarán indigna)—. No puedo resolver nada de esto.

El maestro Decorador dejó escapar una lágrima: la emoción que sentía era incontenible.

—Después de tanto tiempo —exclamó—, tantos sinsabores, tanta Nada Desperdiciada, usted me da una razón para seguir viviendo. ¡Hermano! —Y A. F. se vio sepultado por el abrazo más cariñoso que recibiera en su vida.

A partir de entonces, Anderson Fripp es miembro destacado de la Orden de los Caballeros Consagrados a la Decoración de la Nada, una sociedad que alberga a todos aquellos que son incapaces de resolver unos acertijos tan, pero tan sencillos como estos.

(Voy a poner la solución en los comentarios, dentro de unos días.)

Los libros de Anderson Fripp

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Revista Humor & Juegos N° 11, junio de 1981, página 71. Dibujo de Raúl Fortín

Una señora se acerca al vendedor de libros con una bolsa de feria en la mano.

—¿Tiene libros de Anderson Fripp? —pregunta.

—Sí —contesta el vendedor.

—Bueno, deme dos kilos.

El vendedor, habituado a rarezas de todo tipo (¿dijimos que su librería está en la avenida Corrientes?), saca de un estante ejemplares de los tres títulos de Anderson Fripp que tiene en existencia, a saber: “Ante el Numeromicón”, “Bajo el Numeromicón” y “Cerca del Numeromicón”. Busca detrás de una pila de papales, saca una balanza y los pesa uno tras otro.

Para sus sorpresa, “Ante el Numeromicón” pesa la mitad más que “Bajo el Numeromicón”, y este, a su vez, el doble que “Cerca del Numeromicón”. Luego de hacer varias cuentas, dice:

—Lo lamento, señora, pero entre los tres libros no llegan a pesar dos kilos. Para alcanzar ese peso tendría que agregar otro ejemplar de uno de ellos.

—Entonces —responde la señora— deme solamente un kilo.

—Cómo no —dice el librero, e inmediatamente prepara el paquete.

¿Cuánto pesa cada uno de los libros, y cuál (o cuáles) le vende a la señora?

(Este, así como está acá, fue el primer acertijo mío que salió en la revista Humor & Juegos. La solución estará en los comentarios dentro de algunos días.)

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Cuando todavía era nuevo, a mi celular se le rompió el foco de la cámara. Está fijo a veinte centímetros de distancia. Esta semana, la vida a veinte centímetros.

Hablar de ciencia ficción

El lunes 3 de septiembre estuve en La Nube, con Mario Méndez, hablando de ciencia ficción.

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Junto a Mario Méndez en La Nube. Las fotos son del blog del Programa Bibliotecas Para Armar

Mario viene haciendo, semana a semana, entrevistas con escritores de libros para chicos, como parte del Programa Bibliotecas Para Armar (de la Dirección General de Promoción Cultural del Gobierno de la Ciudad). Y también, desde agosto, un “Laboratorio de análisis y producción de Literatura infantil y juvenil”: un curso y taller en el que cada mes tratan un tema diferente, para terminar invitando a un escritor para conversar al respecto. Durante agosto el tema fue la ciencia ficción, y así fue que Mario me invitó a cerrar esa parte del curso.

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El blog del Programa Bibliotecas Para Armar acaba de publicar la transcripción de la primera parte de esa charla, acompañada de las fotos que reproduzco acá. Es un montón de texto, y todavía falta la segunda parte (que seguramente publicarán la semana que viene). No entiendo cómo pude hablar tanto.

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Hubo unas treinta personas, que tuvieron la paciencia de escucharme dar vueltas sobre la ciencia ficción en Argentina, en especial el papel que tuvo Francisco Porrúa con su editorial Minotauro. Llevé una pila de libros para mostrar, no solo de Minotauro.

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Estoy agradecido a Mario por esa oportunidad. Lo volvería a hacer encantado.

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Cuando todavía era nuevo, a mi celular se le rompió el foco de la cámara. Está fijo a veinte centímetros de distancia. Esta semana, la vida a veinte centímetros.

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Cuando todavía era nuevo, a mi celular se le rompió el foco de la cámara. Está fijo a veinte centímetros de distancia. Esta semana, la vida a veinte centímetros.

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Cuando todavía era nuevo, a mi celular se le rompió el foco de la cámara. Está fijo a veinte centímetros de distancia. Esta semana, la vida a veinte centímetros.

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Cuando todavía era nuevo, a mi celular se le rompió el foco de la cámara. Está fijo a veinte centímetros de distancia. Esta semana, la vida a veinte centímetros.

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Cuando todavía era nuevo, a mi celular se le rompió el foco de la cámara. Está fijo a veinte centímetros de distancia. Esta semana, la vida a veinte centímetros.