Diario

Grandes misterios de la vida

El hombre que está antes que yo en la ferretería pide:

—Medio kilo de clavos de una pulgada. Medio kilo de clavos de dos pulgadas. Y veinte clavos de tres pulgadas y media.

El ferretero se va detrás de una mampara a preparar el pedido. Como si nada, ignorante del modo en que me complica la vida, sin saber que quizás nadie logre jamás despejar el enigma de mi cabeza, el cliente agrega:

—Es que estamos arreglando una heladera.

La hora del payaso

La Pera Grosera y el Pez Soez

Un día la Pera Grosera y el Pez Soez caminaban juntos por el bosque.

—M… —dijo el Pez Soez.

—P… —dijo la Pera Grosera.

Es que eran tan amigos y se conocían tanto que sólo necesitaban decir las iniciales de las palabras, y así se entendían.

—C… —dijo luego el Pez Soez.

—P… —dijo la Pera Grosera, pero se refería a una p… que no era la anterior.

—C… —dijo el Pez Soez, pensando, claro está, en una c… diferente.

—C… —dijo la Pera Grosera, que sin duda pensaba en algo distinto de las dos c… anteriores.

—L… —dijo el Pez Soez.

La Pera Grosera se detuvo en mitad de un paso.

—¿L…? —preguntó.

—L… —insistió el Pez Soez.

La Pera Grosera se quedó pensando, y luego agregó:

—Q…

El Pez Soez estuvo a punto de ahogarse de la sorpresa.

—¿Q…? ¿Q…?

—Q… —insistió la Pera Grosera.

Por unos momentos anduvieron en silencio, hasta que el Pez Soez agregó:

—Z…

—R… —dijo la Pera Grosera.

—K… —dijo el Pez Soez.

—N… —dijo la Pera Grosera.

—B… —dijo el Pez Soez.

—X… —dijo la Pera Grosera.

—S…

—H…

—W…

Fue el triste fin de una bella amistad.

La hora del payaso

La Pelota Pavota y el Globo Bobo

Había una vez dos amigos, la Pelota Pavota y el Globo Bobo. Un día, la Pelota Pavota dijo:

—¿Sabés qué, Globo Bobo?

—¿Qué, Pelota Pavota? —contestó el Globo Bobo.

—Quiero tener una arista —dijo la Pelota Pavota.

—¿Una qué? —preguntó el Globo Bobo.

—Una arista —respondió la Pelota Pavota—. Soy tan redondita, tan suave, que nadie me respeta. Necesito algo en punta, algo que lastime, para que los demás me respeten.

El Globo Bobo se quedó mudo con el discurso de la Pelota Pavota. La Pelota Pavota también, porque era lo más largo que había dicho en su vida.

La cuestión es que los dos se pusieron enseguida a buscar cómo hacerle una arista a la Pelota Pavota. Lo probaron todo, aunque es difícil decir lo que hicieron porque fueron cosas del mundo de los Globos y las Pelotas, que nosotros los Humanos muchas veces no comprendemos. Además, no se me ocurre nada.

Pasaron las horas, y estaban a punto de rendirse cuando de pronto, zas, un costado de la Pelota Pavota se pinchó. Entusiasmado por lo que parecía el comienzo de una arista, el Globo Bobo empezó a tirar y soplar y empujar, hasta que la Pelota Pavota quedó hecha toda aristas en el piso.

Lleno de terror por lo que había provocado, el Globo Bobo partió gritando hacia el horizonte.

Desde entonces, a la Pelota Pavota todos la conocen como la Pelota Rota. Y al Globo Bobo… Bueno, el Globo Bobo ahora es Ultra Globoman, el Asesino Demente.