Moléculas de diario

Entrada y Salida

Voy al banco a pagar una cuenta. Hay dos puertas de vidrio, una al lado de la otra. La izquierda dice Entrada, y más chico Empuje. Empujo, pero del lado equivocado, de manera que me llevo la puerta por delante. Entonces Empujo del otro lado y entro a un espacio vidriado, donde hay un cajero Banelco y otra puerta de vidrio que también dice Entrada, pero no Empuje sino Tire. La miro dos veces antes de Tirar, y así consigo Tirar del lado correcto. Ahora estoy en el interior del banco. No hay clientes en las cajas. Pago enseguida y doy media vuelta para salir. Ahora me toca ir por una puerta que dice Salida y Empuje. De vidrio. Ya las conozco, esas puertas, de manera que me lleva apenas un momento encontrar de qué lado se Empuja. Así llego a un breve pasillo, todo vidriado, que termina en la última puerta, que está a la altura de la primera, lleva a la calle y dice Salida y Tire. Tiro y Salgo. Y todo el tiempo me estuvo mirando el tipo de seguridad.

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Moléculas de diario

Ascensor

Un error, una trampa del cerebro. Llegando a casa, me doy cuenta de que no recuerdo haber bajado en el ascensor de la oficina donde estuve: mi memoria reciente me sitúa cerrando la puerta de la oficina, y después caminando por la vereda, sin registro de la etapa del ascensor. Me siento en falta, como si no hubiera hecho una tarea pendiente, o hubiera dejado a alguien esperando. Siento un nudo en el estómago. ¿Cómo pude olvidarme de bajar en el ascensor? En un segundo, o menos, me digo que si estoy aquí es porque bajé en el ascensor, lo recuerde o no. Es evidente, no hay otra posibilidad. Pero me resulta difícil convencerme a mí mismo. Queda una cierta intranquilidad, que horas más tarde no termina de despejarse.

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Moléculas de diario

Serio

Tengo las llaves en el bolsillo del pantalón. Mientras camino por la calle golpeteo las llaves con las puntas de los dedos, haciendo ritmos. Suenan como una pandereta. Eso cuando no hay nadie cerca. Cuando viene alguien enderezo la espalda, bajo las cejas, acomodo la mochila en el hombro izquierdo y en general actúo tan serio y preocupado como se debe estar en estos tiempos.

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Moléculas de diario

Madrugada

Por un momento entendí cómo sería salir a la calle y quedarme a vivir ahí. Creo que era un sueño. Fue esta madrugada, un poco antes de las seis, despierto pero queriendo dormir, mientras miraba las rayas rojas del despertador que dibujaban números globalmente comprensibles para mi cabeza globalmente incomprensora. Pero antes de que la idea se acomodara cambió el minuto y quedó un vacío. Entonces pensé en escribir un soneto, dibujar un árbol, fotografiar el muñeco de Snoopy escritor, y no hice nada de eso. Comienzo confuso del día, comienzo del día confuso, puntos en el horizonte que no terminan de hacerse barcos.

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4. Música (mp3)·Metadatos

Juegos imposibles en Spotify

Mi cassette Juegos imposibles está recién subido a Spotify. También en iTunes, Amazon y otros sitios por el estilo. ¡A escuchar que se acaba el mundo!

Spotify no tiene lugar donde decirlo, así que lo repito acá:

Grabé esta musica en 1983, en los Estudios Tubal, con Lito Vitale a cargo de la grabación y la mezcla. Mi amiga Cecilia Gauna cantó dos canciones (“A partir de un encuentro” y “Tu imaginación no pide perdón”) y dos temas sin letra (“Las naves preparadas” y “El perof”). “El inventor de cuentos” está basado en “Leu chansonet’e vil”, de Guiraut de Bornelh (Francia, S. XIII). El resto (composición, arreglos, ejecución) lo hice yo solito.