De amigos

Mail de Andrea

[5/5/2002]

“Cómo me gustaría poder saltar, si no fuera por ese patético desplomarse de bolsa de papas, ese grito, el terror, y la cosa horrible allá en el piso entre los autos”, escribí aquí mismo esta mañana, al final de una crónica. Me contesta Andrea Zablotsky:

“Creo que te lo comenté alguna vez (aunque me jugaría lo que no tengo que, tal como yo, serías incapaz de hacerlo): en Lobos hay un club de paracaidismo donde saltan profesionales y también gente que nunca lo hizo. El sistema se llama tandem y el inexperto se tira atado al profesional, y lo único que tiene que hacer es vivir esa experiencia, mientras el profesional decide el momento para tirarse, maneja la situación, tira del piolín, etc. (El etc. incluye que el paracaidista te apoye desde atrás, cosa que no creo
que se vea muy atractiva para algunos hombres.)

“Estuve allí y lo vi desde el avión (yo iba de colada, haciendo las veces de copiloto, mientras piloteaba ‘mi amigo con derechos’, como lo llama Jorge Varlotta). Era super impresionante cómo enfrentaban el vacío desde el agujero que había dejado la puerta del avión (se la habían sacado para mayor comodidad de los paracaidistas). También fue impresionante las veces que los vi llegar (cuando ya estaba aburrida de dar vueltitas en el avión). Hubo dos que vomitaron a mitad de camino… ¿Te gustaría? (tirarte, no vomitar…)”

Yo sería uno de los que vomitan. Lo bueno sería poder saltar y no caer, ni siquiera en paracaídas.

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