En corto

Cada vez que se inunda el barrio

Cada vez que se inunda el barrio ese tipo de la otra cuadra saca un bote que nadie sabe dónde tiene escondido, y se pone a remar mientras grita “¡Inundación!”, “¡Inundación!”. Rema y grita, rema y grita, sin mirar más que al frente, avanzando por el medio de la calle hecha un río hasta perderse de vista. Y después de que ese tipo se pierde de vista aparece la ayuda, vienen otros botes, se oye el helicóptero, nos van sacando de a poco.

Hoy se inundó el barrio pero ese tipo no apareció. Se habrá quedado dormido, o encerrado en la casa, o se le rompió el bote. El tema es que nadie salió gritando “¡Inundación!”, “¡Inundación!”. Nos trepamos a los techos de las casas hechas islas, mirando hacia los árboles hechos matorrales, curiosos por lo que traería flotando el agua durante el próximo minuto, y sobre todo esperando. Y nada. Ese tipo cambió de idea, o está cansado, o se ahogó. Ya no llueve, incluso parece que está por salir el sol. Y sin hablarnos, los habitantes de los techos de las casas tenemos la mala intuición de que esta vez la ayuda no va a llegar.

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