Cortocircuitos

Serie

Camina con el agua hasta la cintura, contra la corriente. Mira un punto en el horizonte, donde el último barco se toma un tiempo infinito hasta desaparecer. Suena música de David Byrne.

Detrás está el oeste, y en el oeste una ciudad que crece sin pobladores. Los edificios se hinchan, las calles se ensanchan, la basura se expande.

Por algún motivo, tres palabras del libro que estaba leyendo le vuelven a la cabeza: evolución, devolución, revolución. Durante la lectura le parecía una combinación inteligente.

La vida es una serie de chistes de un cuadro, sin conexión entre sí.

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Imagen: EAG
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Hormigas

Hay un camino de hormigas en el patio. Va desde un agujero de la pared, a la entrada del pasillo, hasta las plantas de atrás. Son unos diez metros. El camino es grueso y transitado. Nervioso, podría decir.

Estoy sentado a la sombra del tilo, y podría ignorar por completo esa actividad si no fuera que las hormigas se la pasan tocando bocina. Son unos pitidos muy agudos y muy tenues. Cada uno sería indistinguible de los ruidos suaves que me envuelven en esta mañana de sábado. Pero la suma es un chirrido estridente, de grillos enloquecidos, que perfora los tímpanos.

Hace unos minutos vinieron los vecinos a quejarse. Tengo que hacer algo, aunque no me guste, y por eso aprieto el teléfono en la mano, mientras me aclaro la garganta en busca del tono de voz adecuado para hablar con el Ministerio.

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Imagen: EAG
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Paredes

Jugaba con las manos a la espalda, de manera que al poco rato todos pensamos que ocultaba algo. Nadie se atrevió a preguntar. Quienes dimos la vuelta con disimulo no encontramos nada. El misterio continuó durante horas, y después días. Farly me dijo, en voz baja, que el mundo llegaría a convertirlo en leyenda, si no fuera que todo lo que hacemos queda encerrado entre estas cuatro paredes.

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Falla

Si supiera correr estaría corriendo, pero son muchas las fallas de la educación que recibí, y el movimiento coordinado de las piernas es una. Ahora, por ejemplo, sopla el viento y trae indicios de ataque. Me haría bien, o le haría bien a mi futuro, y tal vez al tuyo, salir con rapidez de esta habitación, cruzar las calles sin mirar atrás, y llegar al refugio antes de las ocho. Sin embargo debo quedarme aquí, frente a la pantalla, ignorando las señales de todos los sentidos que no sean la vista. Y la razón es la maestra de cuarto grado, la del pelo teñido, la que se reía tanto, la que no tuvo clemencia a la hora de condenarme.

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Imagen: EAG
Cortocircuitos

Corte

Faltan seiscientos kilómetros por este camino angosto, gris y sin curvas, con un cielo blanco y tan bajo que nos obliga a inclinar la cabeza. A ambos lados, junto al pavimento, hay alambres de púa y torres de vigilancia. Aceleramos, aceleramos, aceleramos, y todo lo que ocurre es que las gotas de lluvia nos lastiman más la cara. Entonces vemos, allá adelante, un camión enorme que viene en sentido contrario. Es ancho, ocupa todo el camino. Empezamos a frenar, hasta quedarnos quietos. Pero el camión, cada vez más grande, como un globo que al inflarse se convierte en hierro, no frena. Justo a nuestra derecha hay una entrada pequeña, un corte en el alambre de púa, a mitad de camino entre dos torres. La atravesamos, para entregarnos.

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Imagen: EAG

 

Cortocircuitos

Imán

El imán de heladera se arrastra por la pared, ignorante de las leyes de la física, con la lentitud de las cosas sin poder, con el rumbo fijo de las cosas poderosas, a un centímetro de la línea oscura que separa los azulejos, portando el estandarte de pizzería, orgulloso a su manera, sin timidez, como si hubiera encontrado el amor de su vida.

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Imagen: EAG
Cortocircuitos

Música

El barco se desliza sobre la ola gigante como si estuviera sonando música de Bach. Hay un trenzarse de espuma y velas, de agua y madera, a imitación de las voces en contrapunto de una partita.

Pero al capitán no le gusta Bach. Está furioso mientras aferra el timón como si todavía tuviera control de lo que ocurre, cuando sólo le sirve para mantenerse en pie. La gorra apenas deja verle las cejas gruesas y negras, y la nariz apenas deja verle los labios delgados y blancos.

El capitán está solo. El barco también. Incluso el mar está solo, a su manera descomunal, autista.

Algo trascendente va a pasar.

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Imagen: EAG