Dos latas de pintura (3)

Imagen por Eduardo Abel Gimenez

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Dos latas de pintura (2)

Imagen por Eduardo Abel Gimenez

El fantasma

Imagen por Gabriel y Eduardo

(En colaboración con Gabriel.)

La mirada del cíclope

Imagen por Eduardo Abel Gimenez

Dos latas de pintura

Imagen por Eduardo Abel Gimenez

Olvido

Un error, una trampa del cerebro. Estoy llegando a casa, y me doy cuenta de que no recuerdo haber bajado en el ascensor de la oficina: mi memoria reciente me sitúa cerrando la puerta de la oficina, y después caminando hacia aquí, sin registro de la etapa del ascensor.

Por un momento me siento en falta, como si no hubiera hecho una tarea pendiente, o hubiera dejado a alguien esperando. Siento un nudo en el estómago. ¿Cómo pude olvidarme de bajar en el ascensor?

En un segundo, o menos, me digo que si estoy aquí es porque bajé en el ascensor, lo recuerde o no. Es evidente, no hay otra posibilidad. Pero me resulta difícil convencerme a mí mismo. Queda una cierta intranquilidad, que horas más tarde no termina de despejarse.

Ida y vuelta

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Monumento

Ayer inauguraron el monumento en memoria de Carlos Bartolomé Sorrell, en la esquina de Sucre y Vidal. Parece mentira que, a esta altura del siglo XXI, el barrio de Belgrano deba soportar tal afrenta. Varias decenas de vecinos nos arracimamos en torno a la estructura de mármol y bronce y tratamos de voltearla, pero sin suerte. Aparentemente, el mamotreto está hundido hasta cinco o seis metros de profundidad, o eso aseguran quienes vieron la construcción desde los comienzos.

Los logros, o su ausencia, de Carlos Bartolomé Sorrell no son lo más importante en este caso. Tal vez ayudaría si su trayectoria fuera más o menos aceptable para todos. Pero lo realmente grave es que no necesitamos esa figura de escuerzo deforme en medio de la esquina. El cuerno izquierdo, especialmente, resulta afrentoso. De las patas, la que está inclinada hacia atrás parece el tronco de un árbol podrido, la que apunta en dirección a Crámer está claramente inspirada por el tentáculo de un pulpo, y la otra, con esa punta curvada hacia arriba, invita a las peores bromas.

De la cara sería preferible no hablar. Los labios se tuercen a un lado, mientras un diente medio roto asoma en la comisura opuesta. No hay nariz, a menos que alguien llame así a ese globo perforado con un anillo que se encuentra justo en medio de los ojos. Y los ojos… Uno de ellos mira justo en dirección a la ventana de mi oficina, incluso en este momento en que trato de concentrarme en esta descripción.

Joroba, víctima sacrificial a los pies, paraguas roto y otros elementos secundarios no hacen más que subrayar el efecto final.

En definitiva, la esquina de Sucre y Vidal se ha convertido en el hazmerreír del barrio. La gente más rara ha empezado a peregrinar hacia aquí para contemplar el engendro. Ojalá pudiéramos culpar sólo a Carlos Bartolomé Sorrell, pero no se puede ignorar la profunda irresponsabilidad de un Gobierno de la Ciudad que toma decisiones tan cuestionables.