[19/3/2003]
Los chistes de rubias tontas dejan asomar el machismo más cavernario de una forma que, por algún motivo, es socialmente aceptable.
Aquí van traducciones (de memoria) de los últimos dos que recibí por email:
1. Hay dos rubias en la parada del colectivo. Llega uno. La primera rubia pregunta: “¿Me deja en Corrientes y Talcahuano?” El colectivero responde: “No.” Entonces salta la segunda rubia: “¿Y a mí?”
2. Un hombre quiere encargarle a una pintora rubia que le haga un retrato al desnudo. “No”, responde la talentosa artista, “no me dedico a ese tipo de cosas.” “Le pagaré el doble que un trabajo común”, dice el hombre. “No, ni hablar.” “Entonces le pagaré cinco veces lo que cobra normalmente.” La artista lo piensa. “De acuerdo”, dice al fin, “pero me voy a dejar las medias puestas. ¡Necesito un lugar donde poner los pinceles!”
¿Soy yo o en estos los diez años que pasaron estos chistes dejaron, de una vez, de ser “socialmente aceptables”?




