Diario

Experimento de escritura (III)

A veces el comienzo del día es una batalla. Me despierto a las 6.48, sin razón. Lo primero que pienso es que me voy a dormir otra vez. Lo segundo, que tal vez no. A las 6.53 me levanto para ir al baño. Pis. Vuelvo a la cama. Pienso en las cosas vacías que a uno se le ocurren a esa hora, cosas que después no recuerdo, cosas que no cambian nada. Y después vuelvo a pensar que, efectivamente, no me voy a dormir. Son las 7.11. Me doy vuelta para no mirar los números rojos de la radio despertador.

Hace calor, pero no puedo prender el acondicionador de aire porque los vecinos se quejan de los caminos del agua. Los de abajo dicen que les salpica la ventana. El de al lado, que le moja la membrana recién puesta (como si la membrana no fuera, justamente, para proteger el techo del agua que cae). Apenas me tapo con la sábana la zona media del cuerpo. Estoy cansado, tengo sueño, ¿por qué no me voy a dormir otra vez?

Cuando me doy vuelta para mirar la hora son las 7.46. ¿Habré dormido un poco? ¿Lleva tanto tiempo pensar en nada?

Ahora mismo podría levantarme. De hecho, si me hubiera despertado directamente a esta hora lo más probable es que me levantara. Pero no, llevo una hora despierto, una hora desnuda, que suena a hueca cuando la golpeo, una hora sobrante, una hora despiadada y vulnerable, una hora de batalla tenue. Entonces no es igual, no puedo levantarme todavía, necesito dormir. Cierro los ojos otra vez, doy vuelta la almohada porque el lado de abajo está más fresco, y la gente se va sentando en torno a la mesa, mientras alguien habla de algo que no recuerdo ni siquiera mientras lo dice. Ahí, con la falta de ese recuerdo, me doy cuenta de que estoy soñando. Entonces es que me dormí. Abro los ojos y son las 8.17.

Sí, claro, dormí unos minutos. Ah, si pudiera repetirlo. Volver al lugarcito del sueño, lugarcito de memoria borrada. Pero no es fácil, entre otras cosas porque ahora estoy pensando qué hora será (se hará) si duermo una hora, una hora y media. Digamos que las diez. ¿Estará bien despertarme a las diez? ¿Qué hora será (se hará) si me levanto a las diez, dedico un ratito a las cosas de la compu y recién después voy a la esquina a escribir? Tal vez se haga tarde, sobre todo porque está Gabriel… Pero no, ¿por qué se va a hacer tarde? ¿Cuál es el problema? Estoy cansado, tengo sueño, igual que a eso de las 7.11, tanto tiempo atrás. Y tengo calor, pero ahora ya no sirve dar vuelta la almohada porque la di vuelta hace un rato.

Decepcionado conmigo mismo, cada vez más agotado, vuelvo a mirar la hora. Sorpresa. Las 9.36. Dormí más de una hora. No sé cómo, no sé qué dormí si no me queda ningún rastro, estoy como antes o peor. Pero ahora sí, ahora es momento de levantarme. Arriba, Eduardo, arriba, arriba, herido de la batalla de la mañana, a herirte en las batallas del resto del día.

*

Siempre tuve problemas con el ritmo de la narración. Para mí es una construcción por capas. La primera escritura sale corta, torpe, sin ambiente, sin espíritu. A editar. A agregar. A sumar y sumar. Pero no, no, no. Esto ya no es tan cierto desde que escribo cuentos. Era mucho más cierto cuando escribía novelas, y mi temor es que vuelva a pasar cuando me ponga a escribir novelas otra vez. Me gustaría tener la habilidad de escribir de más, detenerme en cada momento, en cada detalle del ambiente y después tener que cortar, porque sobra. Supongo que es una actitud, que es

Ya no me puedo concentrar. Cinco viejos se sentaron en la mesa que está justo frente a mí. Viejos, arriba de los 70. Están de joda. Charlan. Piden cinco cervezas, pero parece que no, que es un chiste. Alguno dice “No sos hijo de tu papá vos”. Otro: “La promoción es el café.” “Un café descafeinado.” “No, cerveza, una cerveza.” “De la otra, no de la más fina.” No sé, no entendí. Veré qué les trae el mozo. “¿Dónde está escrito que sea la mujer la que determine si uno es judío o no?  Ayer estuve en una obra de teatro escrita por un rabino reformista. Una obra unipersonal. Menciona que cuando se destruyó el templo… (…) … los romanos violaron a miles de mujeres judías. Eso era normal, en todas las guerras. Entonces los rabinos determinaron desde entonces, la que determina la identidad judía es la mujer y no el hombre. Si no, se diseminaba el pueblo judío.”

Al que habla ahora no lo entiendo, y encima el que hablaba antes habla más fuerte y los tapa a todos. “La mujer de la obra era a la vez judía y budista. Preguntaba a los rabinos si se podía. Un rabino dijo que sí, que se puede ser judío y budista.”

Habla otro, inclinado hacia los demás, en voz baja, íntima , de secreto. Entiendo “la identidad judía” y “pero eso es un negocio”… “Aquel que no ve la practicidad de…. “ “Pero debe haber muchos pelotudos que…” “Claro, entonces…” “Avisarle acá a los muchachos que……… está condenado a desaparecer.”

“Había 500.000. Había. Hoy se habla de 300.” “¿300 mil?” “300 mil.”

Viene el mozo. Trae varios capuccinos, o cosas que vienen en esos vasitos tipo copa en que traen los capuccinos. Y una cerveza.

El mozo se queda a conversar con los viejos. Menciona a Clorindo Testa, parece que él es amigo o algo de sus hijos. “Entiende de todo”, dice uno de los viejos, “de caballos…” “Entiende más de yeguas que de todo”, dice otro.

El ruido ambiente no me deja percibir la conversación completa. Una pena. La radio está más fuerte que los días pasados, o tal vez es culpa de esa música espantosa, indescifrable que suena hoy. Los televisores, prendidos: un hombre habla a cámara, es gracioso porque quien canta la canción horrible es una mujer, y con el nivel de imprecisión que distingo ambas cosas realmente parece que es el hombre quien canta con esa voz chillona, radiofónica de las malas.

El bar está casi vacío. La impresión es que el piso se hunde del lado en que estamos los viejos y yo. A varios metros hay otro viejo que lee el diario. Después un océano de mesas vacías. Los viejos y yo estamos del lado que da a Echeverría, yo en la mesa del fondo (donde está el tomacorriente en que hoy, por primera vez, enchufé la laptop). En el lado que da a Cramer hay varias personas, ahí también debe hundirse un poco el piso.

[Fragmento de tres o cuatro líneas censurado.]

Uno de los viejos habló de que son octogenarios. Tal vez él sí, y algún otro. Pero no todos. Supongo que es su manera de ser optimista. U otro chiste, porque todos tienen sentido del humor. Tanto sentido del humor que sonríen con los chistes, pero no se ríen fuerte, no hacen ruido de risa.

Hoy también hay masitas secas. Pero no son tréboles. Una es un alfajorcito de forma cuadrada, con azúcar impalpable arriba y dulce de leche (duro) en el centro. La otra es como el lomo de un chancho pero amarillenta, surcada por líneas irregulares de barro que simula chocolate. La masa del lomo de chancho es diferente de la masa del alfajor cuadrado, es esa masa que tiene poros, mientras que la otra masa es lisa.

Ahora los viejos hablan de médicos. Inevitable, supongo. Uno insiste en que los médicos tienen opiniones distintas. “Una operación sin riesgo, que no le va a (…) la vida. Nadie muere de eso.” “Igual, si le duele igual.” “Rehabilitación.” “No tiene por qué ir a la pileta, puede ser sin pileta.” “Eso dijo el médico, que la pileta no te va a salvar.” “Antes abrían la rodilla, un despelote. Ahora hacen dos agujeritos ahí…” “Es sencillo, es muy sencillo. Eso depende de la tecnología…” “¿Sabés dónde está la tecnología principal de eso? En los pegamentos. En lo que pega los huesos. Y el material que se usa es cada día mejor. Hay partes en que hay que pegarlos. En otra época los pegamentos fallaban. Ahora no fallan. Todo, lo mismo en el reemplazo de caderas. Al principio, en el 50 por ciento… Ahora no, es una cosa de todos los días, y no hay ni un solo fracaso.” “La articulación, hay un rechazo de la articulación. El material es…” “Metal.” “Sí, un metal, es… Titanio. Titanio. El material es cada día mejor. Entonces se tolera mejor, y no hay fracasos, no hay fracasos.” El que habla tanto es el que antes dijo que son octogenarios, y que tal vez lo sea. “Si ella está dolorida por esto, el dolor se le va a ir.”

Uno de los viejos, no de los que hablaron hasta ahora, saca un celular, atiende, y se lo pasa a otro, al que se inclina para hablar en secreto. No entiendo nada de lo que dicen. Celular cerrado rápidamente.

Estoy comiendo el alfajor cuadrado. Una pérdida histórica, porque seguro que estuvo presente en el templo aquel en el que se decidió que la mujer determina quién es judío. Me pregunto si el lomo de chancho tendrá igual valor histórico. Bah, me lo voy a comer igual. Uh, espero no pagar demasiado cara tanta audacia.

Samilano levareta. Alguil. Morión sin falna. Incomplugible. Serapín. Incomo der guilubio. Ascurabi, termin, implonido den morino. Avrul.

La mujer cruza la calle llevando a la nena de la mano. La nena cruza la calle llevando su muñeca abrazada con el brazo libre.

Nene arrastra una mochila con ruedas.

Hombre que camina muy derecho lleva bolsa roja de plástico, extrañamente angosta y larga.

Auto rojo para. Baja mujer con remera del mismo color. Auto rojo arranca.

Mujer lleva flores violetas en el pelo.

Mujer con pollera hasta los tobillos, a rayas horizontales rojas, verdes, amarillas.

Mujer en bicicleta con shorts blancos hasta la rodilla.

Pareja mayor de la mano.

Pareja menor se abraza al pasar.

Camioneta blanca.

Hombre de mi edad con hija preadolescente de la mano.

113 que dobla hacia Echeverría.

Mujer parada en la esquina con largo vestido anaranjado. Hombre con niño se detiene a preguntarle algo. Mujer señala hacia allá, al otro lado de Cramer. Hombre se prepara para cruzar Cramer. Mujer cruza Echeverría y se pierde de vista.

Nueve motitos frente a Freddo.

El mozo le cobra al hombre que leía el diario a varios metros de mí. Charlan un poco. Me parece que a este mozo le gusta charlar con algunos clientes. ¿Será antipático de mi parte estar tan sumergido en el tipeo?

Camión con un contenedor vacío (de los que se usan para echar escombros en las obras).

Camión con cajones de sifones. ¿Sabrá que rima?

Tanta gente, tanta gente distinta, y seguro que todos son del barrio.

2147 palabras, extrañas como quienes pasan por la vereda.

[20 de marzo de 2010. El tercer día de un experimento de escritura que consiste en salir de casa, ir a un bar o a cualquier otro sitio y escribir durante una hora (que reduje a 40 minutos). El objetivo: destrabarse.]

Un comentario sobre “Experimento de escritura (III)

  1. Seguro la clave de todo está en esas tres o cuatro líneas censuradas. A coro:
    ¡Que las muestre! ¡Que las muestre! ¡Que las muestre!

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