[24/6/2003]
Miro hacia atrás y no puedo creer que este ya sea el post número mil de la Mágica Web. Mil. Quinientos más quinientos. Cien más cien más cien más cien más cien más cien más cien más cien más cien más cien.
Un montón de posts, y muchos de ellos demasiado largos para un weblog. Como el de las diecinueve fotos que puse la semana pasada. O el viejo texto que subí no hace mucho, que en papel ocupaba diez páginas.
Cuando empecé no sabía qué iba a pasar con la Mágica Web, y en los dieciséis meses que pasaron nunca lo supe. Tampoco ahora, excepto, por experiencia, que es excéntrica, exasperante, excesiva, y cambia imprevistamente.
Mi amiga Inés, a quien hace años que no veo, decía que yo era un exagerado. Si me ponía a hacer música, grababa decenas de cassettes. Si me ponía a escribir, me mandaba dos novelas al hilo. Si sacaba fotos… Inés tenía razón. Ahora me gustaría volver a hablar con ella, para mostrarle la mayor exageración de todas.































