Nuevo electrodoméstico: Bocinatrón

Llegó la hora de responder al concierto de bocinazos en la esquina de su casa. ¡Basta de impunidad! A esos energúmenos que hacen de la vida un infierno, el Bocinatrón les hará beber de su propia medicina.

Cada vez que suena un bocinazo, el Bocinatrón responderá con otro igual en duración y frecuencia, pero de volumen multiplicado. Cuando el energúmeno insista, la respuesta será aún más fuerte.

Funciones principales:

  • Regular el volumen. Aumente entre 0,1 y 20 decibeles el volumen de la respuesta al primer bocinazo.
  • Escalar las hostilidades. Modifique la respuesta a bocinazos subsiguientes, incrementando el volumen, la duración y/o la altura del sonido.
  • Agregar sonidos. Además de la respuesta estándar, el Bocinatrón permite sumar una variedad de ruidos ofensivos (flatos, vómitos, etc.) y/o atemorizantes (gritos, truenos, disparos, explosiones, etc.).
  • Lenguaje. El Bocinatrón trae de fábrica una colección de insultos grabados en diversos idiomas, que usted puede sumar a la respuesta. También le permite grabar sus propios insultos. 

Opcionales (venta por separado):

  • Lanzallamas
  • Lanzarrayos
  • Bombardero
  • Desintegrador de materia

(Imagen hecha a partir de dos fotos publicadas en Wikimedia Commons: Horn, por Richard Wheeler, y Traffic jam at MM ALAM Road, por Jugni. Ambas fotos están bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported, de manera que la de acá arriba aparece bajo la misma licencia.)

Nuevo electrodoméstico: Zap-o-Matic

Ahora el zapping no debe significar más trabajo. Disfrute de cada canal el tiempo justo, en el momento justo.

  • Modo secuencial, para un recorrido familiar y amigable
  • Modo aleatorio, para convertir cada minuto en una sorpresa
  • Seleccione el tiempo de visión de cada canal y asigne un porcentaje de desviación aleatoria, para no caer en el ciclo predecible de otras marcas
  • Elimine los canales que no quiera ver nunca
  • Asigne mayor frecuencia de sintonía a los canales que más le interesen (solo en modo aleatorio)
  • Asigne mayor tiempo de visualización a los mejores canales (en ambos modos)
  • Active umbrales de tolerancia para lograr cambios de canal automáticos en caso de: aumento repentino de volumen, silencio prolongado, malas actuaciones (experimental), tanda publicitaria excesiva
  • Evite automáticamente los programas repetidos
  • Priorice automáticamente los programas repetidos

Otras ventajas:

  • El televisor se apagará cuando usted se duerma y volverá a encenderse cuando usted despierte (requiere sensor de sueño, venta por separado)
  • El Zap-o-Matic almacenará sus sesiones de zapping favoritas, para repetirlas en el futuro o compartirlas en redes sociales (los datos almacenados incluyen secuencia de canales y tiempos de permanencia; los contenidos transmitidos son propiedad exclusiva de sus respectivos derechohabientes)
  • Compatible con todos los controles remotos
  • Batería recargable
  • Apto para niños desde los 3 años


(Fuente para la imagen: una foto por Jonathan H. Ward, publicada en Wikimedia Commons bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported, por lo que esta versión aparece acá bajo la misma licencia.)

Lugares donde estuve: Paraguay, 1973

Lugares donde estuve: Humahuaca, 1971

Lugares donde estuve: Bariloche, 1969

Lugares donde estuve: Mendoza, 1968

Lugares donde estuve: Tandil, 1967

Lugares donde estuve: Luján, 1965

Lugares donde estuve: Mar del Plata, 1961 y 1965

Santo Oficio de la Memoria, de Mempo Giardinelli

1. Franca

Murió como debía morir. Antonio Domeniconelle, digo, de él voy a hablar. También había sido un hombre pendenciero y malhumorado, portador de cuchillos, alguna vez de revólver. El día que lo mataron, aquella mañana de agosto de 1896, cumplía 37 años. Fue una mañana fria que, sin embargo, se calentó por la tarde cuando incendiaron la cochería. El crimen se produjo aparentemente porque se resistía a comprar un nuevo carro con aplicaciones de plata y ruedas de bronce, para seis caballos, como le proponía Giacchinto Miraglia, su socio, sujeto al que todos recordaban furibundo, atrevido, audaz y en total desacuerdo con la teoría de Antonio de que no había que invertir un solo peso más en la empresa, por dos razones: porque ya era la cochería funeraria más importante de Buenos Aires, y porque inevitablemente el 31 de diciembre de 1899 se acabaría el mundo.

Antonio Domeniconelle, el abuelo Antonio, el Nono, así lo había leído en una enciclopedia del siglo catorce que se atesoraba en el edificio comunal de Filetto, y tal lo había confirmado el Prete Rocco D’Angelo, quien lo bautizara a él y a sus hermanos, y en quien sólo en ese punto confiaba ciegamente: el 31 de diciembre del último año de ese siglo el mundo se acabaría.

Fatalista como un árabe, Antonio Domeniconelle estaba convencido de que iba a vivir solamente cuarenta y un años y entonces, pensaba, mejor vivirlos plenamente y gozándolos uno por uno. Era muy raro que se lo viera borracho, aunque era capaz de beberse el contenido de cuanto vaso se le pusiera enfrente. Su perdición eran las mujeres y el juego. Desde que llegara de Italia en 1885, y tan pronto aprendió los rudimentos del castellano de Argentina, se aplicó a esas pasiones: al mes de arribar ya había aprendido a jugar al truco, la taba, el tute y otros juegos criollos, y perdido todo el dinero que trajeron de su patria. Pero tres meses más tarde, cuando se empezaba a discutir la sucesión presidencial y casi todos hablaban de un tal Don Bernardo y muy pocos del gobernador cordobés que luego ganaría la elección, los recuperó y con creces, y pudo comprar una casita lejos de la ciudad, por el rumbo de Ramos Mejía, un pueblo formado alrededor del viejo Apeadero San Martín. Un año después de llegar a la Argentina, abandonó a su mujer por primera y única vez, y se fue a vivir por dos semanas con Gladys, una jovencita de ojos negros que vivía en la calle Victoria, quien fue su amante más fiel y la que meses más tarde lo llevó a conocer a Giacchinto Miraglia. Los presentó una noche, después de una reunión en una casa del barrio de Balvanera donde un tipógrafo alemán explicó a la escasa concurrencia cómo los anarquistas veían el mundo, criticó la prosperidad burguesa y la astucia del presidente Roca; habló de las huelgas obreras en Chicago, de la represión del dictador Porfirio Díaz a las masas mexicanas y aun se refirió a la inestabilidad política peruana y a los inútiles esfuerzos del presidente Balmaceda por recuperar el salitre en Chile.