Tributo al “Tributo a Narosky” de Chamamé Soldier
La vida es como una mala película que sin embargo uno no quiere que termine.
por Eduardo Abel Gimenez
Tributo al “Tributo a Narosky” de Chamamé Soldier
La vida es como una mala película que sin embargo uno no quiere que termine.
La lluvia de hace un rato sonaba como una ola que nunca terminara de romper.
El 4 de agosto es el centenario del nacimiento de Witold Gombrowicz, que vivió en la Argentina durante 24 años antes de convertirse en uno de los escritores más apreciados de su generación.
Mi padre, Eduardo Gimenez, escribió un artículo sobre Gombrowicz, con fotos y cartas inéditas hasta ahora (incluyendo la foto carnet de la derecha), y lo acaba de publicar aquí, en Mágica Web: “Witold Gombrowicz, en el centenario de su nacimiento. Documentos inéditos”
Resulta que Gombrowicz trabajó durante siete años en el Banco Polaco, de Buenos Aires, hasta 1955. El artículo se refiere especialmente a ese período.
Lo que mi padre no cuenta es que él mismo entró al banco en 1958, cuando ya había pasado a ser Banco Continental. Allí conoció a Helena Zavadska, la jefa de Gombrowicz, y tuvo con ella sus propios altercados. Y encontró a otros ex compañeros del escritor, que le dieron su propia versión de los hechos.
De manera que este relato es de primera mano, de alguien que, si bien no conoció al escritor en persona, convivió largamente con sus huellas.
Peatonal en Montevideo, a las ocho de la noche. Junto a la puerta del local de Burger King cuelga un parlante del que sale una música indistinguible, más bien un ruido de máquina desesperada, un chirrido en el que se adivinan quejas de electrones que han ido por el mal camino.
Un empleado de Burger King se acerca al parlante y lo agarra para descolgarlo. En el mismo momento, el ruido cesa. Por el lado opuesto de la peatonal van dos chicas. Ambas miran hacia el empleado y el parlante, y una de ellas exclama:
—¡Qué bien!
El empleado las mira un poco sorprendido, y después se ríe. Las chicas también se ríen. Y yo, que vengo unos veinte metros más atrás, me río por primera vez en el día.
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