Gente en el subte

Las dos quinceañeras, de pie junto a la puerta, chupan sus chupetines como si nunca hubiesen oído hablar de pornografía.

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—Señoras y señores pasajeros, colaboren comprando estas lapiceras —dice el vendedor. Y olvida agregar: —Así tengo para hacerme otro tatuaje.

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La pelirroja que está sentada junto a mí es muy flaca y muy bonita. Va a bajar en la próxima estación, así que se pone de pie. Se envuelve en un tapado negro, enorme, y luego envuelve el tapado en una especie de chal, también negro, también enorme, y se cuelga al hombro un bolso enorme y negro. Por fin se va por el pasillo, convertida en gorila.

Informe sobre spam

Este es otro de mis informes esporádicos sobre spam. La dirección de email que aparece en esta página viene cada vez más inundada. Desde ayer, domingo, a las 9.41 de la mañana, hasta hoy lunes a las 9.32 de la mañana, llegaron 916 mensajes que considero spam. Si, novecientos dieciséis.

Empecé a redireccionar los mensajes dirigidos a esa cuenta a la que acabo de abrir en Gmail, sobre todo para probar el filtro antispam de Google. En un principio se le escapaba más spam que al filtro de Mozilla, que uso habitualmente. Pero el de Google aprende más rápido. Dos o tres días de práctica y ya filtra mejor que el otro.

La mayoría del spam es spam sin vueltas. Pero hay algunos mensajes que pueden generar polémica. Especialmente los avisos de virus que muchos servidores envían automáticamente. ¿Por qué pienso que son spam? Porque hoy en día los virus no dicen de dónde vienen realmente, sino que fraguan la dirección del remitente. Por lo tanto, esos avisos de virus van siempre a alguien que no tiene nada que ver. Y en algunos casos no son más que propaganda encubierta del antivirus instalado en la máquina que los envía. Así que no tengo conemplaciones: a la basura con ellos.

Lo mismo vale para los mensajes que advierten que tal o cual dirección de email no existe. Nunca se trata de una dirección a la que yo haya escrito, sino alguna a la que un virus se envió a sí mismo. A la basura también.

Bueno, así están las cosas.

Dos

Douglas viene a casa y dice:

-El sinánimo de 2 es 1,99.

Luna yin yang

Dibujo de Gabriel sobre cartulina.

Dibujo de Gabriel

Reconfortante

Qué reconfortante es, a la mañana temprano, encontrar el frasco de mermelada casi lleno.

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No hay nada mejor para la creatividad que meterse hasta el cuello en proyectos que se parecen mucho a lo que uno quiere hacer.

No hay nada peor para la creatividad que meterse hasta el cuello en proyectos que se parecen mucho a lo que uno quiere hacer.

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Si algo puede salir mal, la culpa es de otro.

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Gracias a coso por los asteriscos.

La nave del big bang

Dibujo de Gabriel

Dibujo de Gabriel. Click en la imagen para verla más grande.

Catamarca ejercerá la presidencia rotativa de la Unión Europea

El año próximo Catamarca ejercerá la presidencia rotativa de la Unión Europea. “Será una ocasión especial para demostrar nuestro grado de compromiso con la reasignación regional”, dijo anoche el canciller catamarqueño, Rolf Uffmeier.

“Los desafíos de la reasignación no se han terminado tras la mudanza”, agregó el político. “Lejos de ello, es ahora que debemos trabajar con mayor firmeza para realizar el potencial de nuestros nuevos territorios.”

Esta postura difiere hasta cierto punto de la sostenida por el gobierno catamarqueño hace dos años, durante el momento más tenso de la disputa con los Estados Unidos. En aquel momento, Wolf Uschmeier, entonces presidente de Catamarca, sostenía que “los Estados Unidos han perjudicado enormemente a la Unión Europea al quedarse con África para su exclusivo beneficio”.

Las últimas encuestas, sin embargo, parecen apoyar el entusiasmo expresado por el canciller Uffmeier. Un abrumador ochenta y dos por ciento de la población catamarqueña considero “bueno” o “muy bueno” el resultado de la adquisición de Sudamérica como sede de la Unión Europea. Y no menos de un setenta y tres por ciento acuerda en forma “total” o “parcial” con la afirmación de que los viejos territorios estaban en decadencia terminal.

Por otra parte, la delicada cuestión de los habitantes originarios prácticamente ha desaparecido de la agenda pública, dado que según todas las informaciones disponibles los ex sudamericanos se encuentran bastante felices en Marte.

Ray siente la cabeza llena

Ray siente la cabeza llena. De pie junto a la puerta de servicio, embutido en el traje negro, con la mano en la pistola y la pistola apenas oculta bajo el saco, los lentes oscuros para disimular la mirada de reojo, el labio superior apenas torcido hacia arriba, Ray se da cuenta de que tiene el cerebro colmado. Ha visto demasiado, ha oído demasiado, los recuerdos verdaderos y los recuerdos falsos han ido llenando cada rincón de memoria hasta no dejar más sitio. En los últimos días Ray ha experimentado la pérdida de algún momento de su vida, especialmente de la infancia, pero ahora viene algo peor, algo enorme, definitivo, un colapso.

Ray piensa si debería sacar el celular del bolsillo, marcar unos números y despedirse de alguien, pero desiste. No vale la pena. Y tal vez ni siquiera tenga tiempo, porque ahora que se acerca ese niño en bicicleta, ahora mismo Ray sabe que otro golpe de pedal ya no encontrará lugar y así vendrá la catástrofe. No bastará esta vez con eliminar años enteros de la escuela, o las caras de sus amantes, o las estadísticas de béisbol aprendidas a lo largo de toda la vida.

Ray necesita una solución, ahora mismo, pero tampoco le queda sitio para pensar en soluciones. El dedo índice se enrosca al gatillo, la pistola asoma del saco y parece que fuera a apuntar sola.

Entonces se oye el primer disparo, pero no viene del arma de Ray sino de adentro del edificio, allá donde la explosión hiere las paredes cubiertas de graffiti. Con precisión de cirujano, la bala elimina en un instante cada fragmento de escuela, cada rasgo de amante, cada partido de béisbol, cada niño que ha pedaleado ante los ojos de Ray, y así Ray tiene un momento, un solo momento del que casi no llega a darse cuenta, un momento brevísimo pero suficiente, valioso, inapreciable, de alivio.

Canjear por recuerdos

Este es uno de esos cupones que las maquinas de Sacoa entregan cuando termina el juego.

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No sé si podré elegir los recuerdos, pero me gustaría canjearlo por la música de una película que se me fue para siempre de la cabeza. O por el final de una novela que leí hace tiempo y ya no se consigue. O por la cara de aquella chica del campamento en Valeria del Mar.

El casino huele a billetes viejos

El casino huele a billetes viejos. Los billetes estaban aquí antes que el edificio, y lo único que hicieron los constructores fue juntarlos para levantar las paredes. Luego los cubrieron con una capa delgada de yeso, pintura amarilla, luces, mesas y charla casual.

Suena paradójico, pero los billetes viejos valen menos que cualquier cosa que se pueda comprar con ellos.