Autopista

Foto por Eduardo Abel Gimenez

Travesías

Foto por Eduardo Abel Gimenez

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Un gatito

Un gatito empieza a cruzar las vías cuando un tren viene a toda velocidad. Haciendo uso de mis superpoderes lo envuelvo en una burbuja temporal, lo acelero y logro que llegue a salvo al otro lado. Pero el alma inmortal del gatito ha quedado atrás, y ha sido arrastrada por la máquina asesina, allá lejos, fuera de mi alcance, fuera del alcance de todos, hilacha invisible, despojo sin nombre. Pobre gatito, ahora me mira desesperado, sin alma, huérfano para siempre. Y ya no puedo hacer nada por él.

Corre riesgos

Corre riesgos,
sale de su asombro,
persigue objetivos,
cae en la cuenta,
inclina la balanza,
sacude la opinión pública,
arranca aplausos,
arrastra multitudes,
impulsa proyectos,
nada en la abundancia,
huye de los lugares comunes.

¡Salta a la vista!

Y todo esto sin mover un pelo.

Acabo de hacer un cambio de cara

Acabo de hacer un cambio de cara en las páginas del weblog. Todavía no sé qué pensar. No quiero que sea original, sino agradable de ver y sobre todo muy pero muy legible. Habrá que ver si lo consigo. Agradeceré mucho cualquier comentario al respecto.

Percusión

Ya de pequeño descubrió que al golpear suavemente con los dedos en distintos puntos de su propia cabeza producía ruidos maravillosos, con una riqueza que merecía ser explorada.

Practicó mucho, especialmente de noche, cuando el silencio de alrededor le permitía apreciar mejor las sutilezas de sus golpes.

Cuando fue al conservatorio simuló estar interesado en los instrumentos de percusión. Pero en casa sólo tocaba en su propia cabeza. Egresó con honores.

Durante la adolescencia logró los mayores hallazgos. Por ejemplo, podía imitar la complejidad del tabla hindú tocando con los dedos índices y mayores en las mejillas infladas, permitiendo leves movimientos del aire dentro de la boca.

Su carrera no estuvo exenta de dificultades. Sin ir más lejos, cada intento qie hizo de grabar sus interpretaciones fue un fracaso. No había equipos adecuados para percibir esa música del modo en que él podía oírla desde su propio interior. De manera que inventó una notación especial que le permitía reproducir una pieza de modo exactamente igual cada vez: líneas y puntos para la nariz, para las cejas, para los diversos puntos del cuero cabelludo, combinados con figuras para cada dedo.

El verdadero virtuosismo llegó luego de los veinte. Fue capaz de reproducir, golpeando sólo en las orejas, el solo de John Bonham en “Moby Dick”.

El problema, entonces y por el resto de su vida, era que nadie más podía oírlo.

Cada noche

Cada noche, en el Museo Entomológico, un ejemplar de Cithaerias pyritosa ingresado en 1949 y clasificado en 1952 despierta misteriosamente de un profundo letargo, se desprende de sus ataduras y parte a realizar la tarea encomendada. Está afuera menos de quince minutos. Luego vuelve a acomodarse en su sitio de la vitrina, donde permanecerá inmóvil por otras veintitrés horas y tres cuartos. A la mañana siguiente, un nuevo titular sangriento llenará la primera página de los periódicos sensacionalistas.

Local nocturno

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Recoleta

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Se vuela

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