Etiqueta: Mágica Web

Eso

[21/3/2003]

El hombre está de pie junto a una mesa en Güerrin. Tiene la cabeza erguida, la espalda recta, el pelo gris peinado hacia atrás, una mano en una silla y la otra aferrada al celular junto a la oreja derecha, mientras habla con voz potente para que todos sepamos lo importante que es.

—Eso lo tenemos que… —dice de pronto, un poco más fuerte que las frases anteriores, y deja oír uno por uno los puntos suspensivos. Ahora sí, ahora mira hacia un horizonte inexistente más allá de los azulejos de colores de la pizzería, más allá de los edificios de la avenida Corrientes, más allá de nuestras simples expectativas de mortales, y con voz de Alfredo Alcón haciendo de San Martín, da el golpe final—. Eso lo tenemos que evaluar.

Una chica en bicicleta

[20/3/2003]

Venía una chica andando en bicicleta con una pollera más bien corta. Cada vez que una pierna subía y bajaba, la pollera subía pero no bajaba. La ciclista sostenía el manubrio con la mano derecha, mientras con la izquierda trataba de poner la pollera donde había estado un segundo antes. Y al mismo tiempo sonreía luminosamente, con toda la cara. La sonrisa más ancha que se haya visto en un largo tiempo.

Esquivar

[20/3/2003]

De tanto esquivar a los otros se rompió la nariz contra una pared.

Los chistes de rubias

[19/3/2003]

Los chistes de rubias tontas dejan asomar el machismo más cavernario de una forma que, por algún motivo, es socialmente aceptable.

Aquí van traducciones (de memoria) de los últimos dos que recibí por email:

1. Hay dos rubias en la parada del colectivo. Llega uno. La primera rubia pregunta: “¿Me deja en Corrientes y Talcahuano?” El colectivero responde: “No.” Entonces salta la segunda rubia: “¿Y a mí?”

2. Un hombre quiere encargarle a una pintora rubia que le haga un retrato al desnudo. “No”, responde la talentosa artista, “no me dedico a ese tipo de cosas.” “Le pagaré el doble que un trabajo común”, dice el hombre. “No, ni hablar.” “Entonces le pagaré cinco veces lo que cobra normalmente.” La artista lo piensa. “De acuerdo”, dice al fin, “pero me voy a dejar las medias puestas. ¡Necesito un lugar donde poner los pinceles!”

[19/3/2013]

¿Soy yo o en estos los diez años que pasaron estos chistes dejaron, de una vez, de ser “socialmente aceptables”?

Cinco centavos

[18/3/2003]

Tengo frente a mí una moneda de cinco centavos de 1994. Cuanto más la miro más difícil me resulta entender qué significa. Es como repetir una palabra hasta desnudarla, sobre todo una palabra de las que tienen forma rara como por ejemplo “croquis”: croquis croquis croquis croquis croquis croquis croquis croquis croquis croquis y uno empieza a dejar de asignarle un significado al conjunto de letras y a fijarse en las letras mismas, o en las contorsiones de la lengua que las pronuncia, o en la reverberación de los sonidos en el cuarto en que uno se encuentra.

La moneda pierde su poco valor con rapidez y a cambio muestra ese cinco tan extraño: la panza que de pronto parece una “c” invertida, pero más la ceja superior asociada a la nariz que es la línea de la izquierda y todo eso encerrando un ojo, y casi hay una cara en el número, una cara en contraluz de la que sólo se ve la mitad, con la muela hinchada.

Alrededor del cinco hay una circunferencia de puntitos. La presbicia me impide verlos uno por uno, así que no los puedo contar, pero ya estoy imaginando métodos para descubrir cuántos son, por ejemplo detectando que ese segmento mínimo que logro distinguir contiene sin duda tres puntitos (dos son pocos, cuatro demasiados), y calculando cuántas veces aparece ese segmento en un cuarto de circunferencia. Así pronto me encuentro suponiendo que en total hay ochenta puntitos, y sé que uno de estos días tendré que contarlos con ayuda de una lupa o algo así.

Media vuelta en el aire, y la cara de la moneda no es una cara sino un sol con largos rayos. Vuelta a contar, o mejor dicho a apostar sobre una cuenta a la que sólo me puedo aproximar cerrando un ojo por completo y el otro a medias. Cuarenta rayos, digo, y ya veré si lo confirmo.

Alrededor del sol dice (aunque me cuesta descifrarlo) REPÚBLICA ARGENTINA y EN UNION Y LIBERTAD. Unión no tiene acento. Buena palabra para repetir al aire hasta matarla: unión unión unión unión unión.

Tengo que dejar la moneda por aquí arriba, entre las cosas del escritorio, hasta que me decida a estudiarla con un criterio más científico. Ahora, de noche, la superan las ganas de irme a dormir.

Hoy

[17/3/2003]

Hoy no voy a oír el despertador.

Hoy no voy a salir de la cama.

Hoy no me voy a duchar, ni a afeitar.

Hoy no voy a abrir las cortinas.

Hoy no voy a saludar a mi mujer.

Hoy no voy a tomar café.

Hoy no voy a llevar a mi hijo a la escuela.

Hoy no voy a encender la computadora.

Hoy no voy a escribir nada en este weblog.

Niveles

[16/3/2003]

Descubrí qué son estos dibujos que viene haciendo Gabriel: niveles de videojuegos, pero en papel. Cuando termina uno, viene a mostrarme cómo lo juega. Empieza por una punta y recorre los sucesivos obstáculos simulando peleas, disparos, adquisición de habilidades especiales, todo moviendo el dedo índice y haciendo ruidos con la boca. Quién dijo que necesitamos computadoras.

(Bueno, las necesitamos para que yo pueda escanear estos dibujos y subirlos a la Web. Pero es frustrante, porque no hay manera de que el scanner capture los tonos pastel que rellenan algunas partes de los dibujos.)

Luz

[15/3/2003]

Gabriel a su mamá:

—Apagá la luz, que sos más linda en la oscuridad.

Un techo ideal

[14/3/2003]

Un techo ideal, sin paredes o columnas que lo sostengan. Un techo que flote en el aire, donde podamos ir a guarecernos sin tener que buscar la entrada, esquivar el poste, sacar la llave, pedir permiso.

¿Cómo es posible?

[13/3/2003]

¿Cómo es posible que a pesar de nuestra propia experiencia y de la ajena, a pesar de lo que se ve en la historia, de nuestros propios recuerdos de infancia, de lo que dicen los diarios, los noticieros, de lo que muestra el arte y la literatura, de lo que vemos e intuimos del mundo, cómo es posible, decía, que tengamos en la vida diaria como en los planes para el futuro, en los miedos como en los sueños, en los estados de ánimo, en la distribución de nuestras energías, en el tiempo dedicado a cada cosa, en los detalles así como en los grandes rasgos de la existencia, que tengamos, decía, las prioridades tan confundidas?