[3/3/2003]
Nos gustaba escuchar música en inglés, pero no teníamos las letras. Era difícil conseguirlas a fines de los sesenta y principios de los setenta. Había que descifrarlas a puro oído, con el problema de que los cantantes tenían acentos más extraños que nuestras profesoras, decían cosas más raras, y en nuestro inglés había lagunas del tamaño de un océano. Así, era inevitable que las inclinaciones de cada uno influyeran en lo que decían nuestros héroes musicales.
Mi amiga era bondadosa. Sabía más inglés que yo, con lo que tenía la última palabra, y esa última palabra solía ser más benigna, más piadosa que la oficial.
Recuerdo dos ejemplos de canciones “malentendidas”, que por muchos años fueron increíblemente diferentes de la versión que el resto del mundo llamaba auténtica.
Una era Mean Mr. Mustard, de los Beatles, la misma que quien traducía los títulos de las canciones para la edición local había bautizado tan creativamente “Significa Señor Mostaza”. Según mi amiga, una parte decía: “His sister Pam works in a club. She never stops, she’s a good girl, oh!” Me llevó diez o quince años descubrir que el resto del mundo entendía otra cosa: “she’s a go-getter.”
La otra canción fue Just like a woman, de Bob Dylan. Mi amiga me explicó, porque yo a él no le entendía nada, que en el estribillo cantaba: “She takes just like a woman,/ She makes love just like a woman,/ She aches just like a woman/ But she prays just like a little girl.” Era conmovedor. Sólo el año pasado supe que ese mundo cruel que está allá afuera, empezando por el autor de la canción, no entiende “but she prays”. Entiende “but she breaks”.

