Diario

¿Me compra un café con leche?

[5/4/2002]

—¿Me compra un café con leche?

Así es el discurso de un hombre de unos treinta años que se pone en cuclillas a metros de la esquina de Juramento y Ciudad de la Paz. Lo empecé a ver hace más de un año, cuando nos mudamos a Belgrano. No importa la hora: a la mañana, al mediodía, a la tarde o a la noche, en verano, en invierno, a veces sí, a veces no, mira al que pasa y le pregunta:

—¿Me compra un café con leche?

Nunca entendí por qué un café con leche, y no una coca, un sandwich, una moneda. Hasta hoy.

Sé que lo que voy a contar ahora es difícil de creer. Es más, no lo va a creer nadie. “Demasiada coincidencia”, pueden decir. “Este se lo inventó.” Pero lo cuento igual, porque es verdad.

Hoy, a las tres y media de la tarde, pasé frente al hombre en cuclillas. No me miró. Tenía en la mano izquierda un vaso de plástico grande, lleno del líquido de sus deseos. Y, mientras yo pasaba, metió la mano derecha en el bolsillo de la campera, sacó una galletita y la mojó en el café con leche.

[5/4/2012]

Era verdad, insisto. Me acuerdo. El hombre se convirtió en lustrabotas. Se tiñó el pelo. Siguió en esa esquina muchos años. Creo que todavía anda por ahí, pero no estoy seguro de cuándo lo vi por última vez.

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