Diario

La realidad

[15/4/2002]

Estoy en mi oficina, frente al monitor, a oscuras para no despertar a nadie (mi oficina es una de las habitaciones del departamento donde vivimos). La puerta está apenas entreabierta. Más allá, tras una curva del pasillo, hay una luz encendida que de noche tranquiliza a mi hijo. Afuera llueve: lo indica el ruido suave, amortiguado, de las gotas en la parte externa de los acondicionadores de aire del edificio.

Mientras leo un artículo en MSNBC, tengo la sensación intensa de que alguien se mueve al otro lado de la puerta. Mi mujer se habrá levantado, pienso (es medianoche). Miro, y no: no hay nadie. Es un perchero que está ahí, pasando la puerta. Del perchero cuelgan varias camperas, alguna de ellas con ánimo de engañarme.

Sigo leyendo. Unos segundos después, vuelvo a tener la misma sensación. Sólo que ahora que no hay nadie ahí. Miro otra vez, para comprobarlo, y es verdad.

Ahora me resisto a mirar por tercera vez, aunque la sensación no se va. Algo me observa, algo que se mueve en la misma medida que la capacidad limitada de mis ojos para ver en ese ángulo.

Esta es la realidad, se me ocurre, finalmente. Bastará con que me ponga de pie y camine hacia la puerta para que las ilusiones vuelvan y retomen el control.

2 comentarios sobre “La realidad

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