Diario

Cruce

[3/7/2003]

Si no tuviera tanto sueño contaría en detalle cómo fue que anoche, por la avenida Crámer, venía una ambulancia a toda velocidad en un sentido y, en el otro, usando el mismo carril, un auto con hinchas de Boca que festejaban desaforadamente. El semáforo, exactamente a mitad de camino entre los dos vehículos, estaba en rojo. Me quedé petrificado en la vereda, seguro de que iba a ver una catástrofe. La ambulancia, con la autoridad que dan las sirenas, siguió de largo, haciendo una ese para cruzar la bocacalle. El auto de los hinchas se detuvo a último momento, de modo que las banderas ondearon un poco más fuerte, los brazos se agitaron un poco más tensos, los frenos imitaron la sirena de la ambulancia pero en un estilo menos altanero. Un momento más tarde todo había terminado. El semáforo se puso verde. El mundo siguió su curso como siempre, y yo también.

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