De la cabeza

De la cabeza: El idioma y el pensamiento

De vez en cuando vuelve a aflorar una hipótesis: que el idioma que usamos determina la forma en que pensamos. Por ejemplo, un artículo de Ideas Ted se entusiasma con varios ejemplos divertidos:

  • Ciertos aborígenes australianos no hablan de derecha, izquierda, adelante o atrás sino de norte, sur, este y oeste. No estás a mi derecha, sino al oeste de mí. Esa gente está habitualmente mejor orientada que nosotros.
  • El castellano duda más en atribuir culpas que el inglés. Si para nosotros el florero “se rompió”, para un angloparlante alguien tuvo que romperlo; jamás un florero se puede romper a sí mismo. Por lo tanto, se supone que somos menos proclives a asignar culpas que ellos.
  • En hebreo todo tiene género lingüístico, mientras que en finlandés nada lo tiene. Parece que los chicos que hablan hebreo conocen su propio género un año antes que los que hablan finlandés.

También se discute la percepción del color en relación con las palabras de un idioma: quienes no diferencian el azul claro del azul oscuro, quienes no tienen una palabra para designar el verde, etc., y la relación de eso con el pensamiento. (En Wikipedia hay un gran artículo al respecto, con los distintos puntos de vista.)

Pero la hipótesis de que el lenguaje determina el pensamiento (conocida como hipótesis de Sapir-Whorf) está bastante desacreditada, al menos en cualquier versión significativa. Por una parte, la experiencia, la cultura, el ambiente, son las cosas que determinan el lenguaje. Que el lenguaje luego refuerce pensamientos es otra cosa: todos lo vivimos día a día.

Por otra parte, hay que ver por qué pensamos más o menos igual en cosas centrales aunque los idiomas las traten de otro modo. No vi artículos que digan que nuestra distinción entre “ser” y “estar” nos convierta en bichos raros para quienes hablan idiomas (todos o casi todos) donde esa distinción no existe. (Hay un lindo artículo sobre esto del ser y el estar, en castellano, en Untrans.eu. Trata bien la cuestión aunque no se expide. A mí me cuesta menos tomar partido porque soy mucho más ignorante.)

En el sitio de la Linguistic Society of America hay un artículo clarísimo sobre la materia (clarísimo, quiero decir, para quienes leen inglés): “¿Influye el idioma que hablo en mi forma de pensar?”.  Termina así: “¿Entonces, aprender otro idioma no va a cambiar cómo pienso? No mucho, pero si el nuevo idioma es muy diferente del tuyo puede hacerte descubrir cosas sobre otra cultura y otra forma de vivir”.

Diagrama del cerebro, obra de un miniaturista anónimo, hacia el año 1300.
(Primero pensé en otra ilustración, pero tardó en llegar. Acá está el relato.)

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