Mis vinilos de los 60

Mis vinilos de los 60: El camino entre A y B no siempre es una línea recta

¿Cómo pasamos de escuchar a Sylvie Vartan en 1965 a Jethro Tull en 1968 o 1969? En mi caso, fue por los Beatles, que cambiaron tanto año a año, mes a mes, y me llevaron con ellos. Más en general, la renovación de la música popular fue tremenda en ese tiempo, hasta el punto en que cosas muy raras se hicieron masivas. El camino no fue en línea recta, por supuesto, hubo curvas en todas las direcciones. La cuestión es que mi tránsito Sylvie Vartan – Caravelli – Bee Gees – Jethro Tull no fue solitario, ni un signo de demencia. Así funcionaban estas cosas a fines de los sesenta.

Este fue mi primer longplay, antes incluso de mi primer disco de los Beatles. El niño de diez años que fui vivía escuchando este disco. Para darse una idea, nada mejor que esta versión en la televisión de la época, con playback por supuesto. Tenía buena voz la adorable Sylvie.

Qué manía de época escuchar versiones orquestales de poco vuelo de las canciones de moda. Por ejemplo, la versión de Guantanamera de este disco de Caravelli:

Los Bee Gees más conocidos, los de la música disco, no tienen nada que ver con los orígenes. Y confieso que nunca los aguanté: me pareció una traición ese viraje, más todavía que los discos edulcorados que sacaron en el medio. Este primer disco (el primero en el Reino Unido) lo muestra claramente, con unas cuantas canciones que todavía me tocan el corazoncito. Por ejemplo, “El desastre minero de New York de 1941”:

Para la época de Odessa (un par de años más tarde), los Bee Gees eran una monstruosidad masiva. Conservaban toques experimentales y los ponían al principio del disco, como para librarse del karma y poder seguir con las canciones convencionales que llenaban el resto. Odessa fue un longplay doble, por supuesto, pero acá salió separado en dos ediciones independientes: la de tapa negra era el primero de los dos, la de tapa roja (que nunca tuve) el segundo.
Podría poner el video de la canción “Odessa”, pero me parece más entretenida la segunda canción del disco, “Suddenly”:

Stand Up, el segundo disco de Jethro Tull, fue el primero que conocí. Una revelación. Había otro mundo. La tapa, con los grabados en madera de James Grashow, era una continuación digna de Revolver, digamos; al menos esa fue mi teoría. La música venía de otro planeta, o de otros varios planetas. Como muestra van los primeros tres “temas”, como habíamos aprendido a decir en lugar de “canciones”: “A New Day Yesterday”, por el lado blusero; “Jeffrey Goes to Leicester Square”, multiétnico y algo jazzero; y “Bourée”, lo más conocido del disco en esa época, instrumental jazzero basado en una pieza de Bach (no acreditado en el disco).

La tapa original inglesa era un pop-up: las figuras de los músicos se separaban del fondo y se levantaban.

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