Libros que me hacen acordar

New York Today, de Michael George

Entre los libros cargados de recuerdos que tengo en la biblioteca están los que le traía a mi padre de regalo, a la vuelta de mis viajes. Durante los pocos años en que viajé a Norteamérica o Europa (entre 1991 y 2000, ni antes ni después), cuando iba a un lugar nuevo compraba un libro de fotos para él. Era fácil, divertido. Comprar algo para mi madre daba más trabajo.

Cuando mi padre murió, en 2009, heredé cada uno de esos libros.

En 1992 fui a Nueva York y volví con este ejemplar de New York Today, de Michael George.

En su momento (y esto lo encuentro ahora, googleando), la revista Popular Photography comentó: “Michael George’s up-to-the-minute photo portrait of protean New York… If you’re at all interested in Gotham’s culture and history, George’s terse but highly informative captions almost upstage the book’s handsome photography. Almost, but not entirely. Its sharp, vibrant pictures depict the people, vitality, and splendid architecture that make New York the capital of the world for so many”. [“El retrato al día de la proteica Nueva York, de Michael George…”]

Claro que cualquier libro informativo con la palabra “hoy” en el título se convierte con facilidad en una contradicción. “Hoy”, en 1988, cuando se publicó este libro, no es el mismo “hoy” treinta años después. Lo más obvio se ve al abrirlo. La primera foto que aparece es esta:

Es lógico. El World Trade Center, que se veía desde todas partes en la Nueva York de aquellos años, se ve en todas partes en un libro que la quiere reflejar.

No es lo único, desde ya. La gente se vestía de otra manera.

Aunque en una foto chica, a mitad del libro, aparezca un corte de pelo tan propio de este 2018 que la portadora debió haber viajado en el tiempo para hacerse fotografiar en 1988.

Los autos impresionan un poco. O mucho.

Algunos nombres también.

Si el autor y los editores pudieran viajar en el tiempo como la chica del peinado nuevo, probablemente aprovecharían para poner otra palabra para el título. Y aunque no lo hicieran, si fuera yo quien viajara en el tiempo volvería a comprar para mi padre este mismo libro.

(Además, parece adecuado recordar esto hoy, 30 de enero, día en que mi padre habría cumplido 94 años.)

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