—El Chango Reina. Ese era bueno.
—¿Quién?
—El Chango Reina.
—No lo conozco.
—Era el mejor. Tocaba con dos dedos.
—¿Tocaba con dos dedos y era el mejor?
—Lo escuchás y te querés morir.
—Eso no me parece bueno.
—¿Qué cosa?
—Que te quieras morir.
—Te querés morir cuando ya viviste todo lo que querías.
—Pero también cuando sabés que no podrás vivir todo lo que querías.
—No es el caso.
—O cuando ya no aguantás lo que estás viviendo.
—Yo soy feliz.
—¿Y te querés morir por ser feliz?
—No, por haber oído al Chango Reina.
—¿Ese también se murió?
—Hace cincuenta años.
—Porque quiso, me imagino.




