Necesito que me quieran, como cualquier otra persona. Mejor dicho, más que muchas otras personas, porque tengo el síndrome de Deficiencia de Autoestima (o SEDD, Self-Esteem Deficit Disorder).
Quienes sufrimos de SEDD carecemos de uno o más de esos orgánulos amarillentos, estratégicamente distribuidos por el cuerpo, que segregan la enzima autoestimasa. A mí personalmente me falta el que suele estar en el costado derecho, a la altura del hígado.
Sí, estoy anotado en la lista de espera para un trasplante. Pero somos 165.000 quienes estamos en esa lista sólo en la ciudad de Buenos Aires, y no hay más de cien o doscientos donantes por año. Al parecer, quienes tienen la autoestima intacta no se mueren nunca.













