Todo esto

[30/6/2003]

Todo esto es como un arroyo a punto de secarse donde siempre aparece otro chorrito de agua proveniente de un glaciar oculto bajo el polvo del remoto desierto de allá arriba.

Lo más interesante

[29/6/2003]

Lo más interesante de este libro son las solapas. Si las doblo hacia afuera parecen alas. Y si abro la ventana tal vez el libro se vaya volando a molestar a las palomas.

A las 6:01

[28/6/2003]

A las 6:01, esa hora tan Batallón de Inteligencia, se me ocurre despertarme. Abro los ojos y ahí están el seis, el cero y el uno, y los dos puntos, en el despertador. Pero es sábado, así que cierro los ojos otra vez.

A las 7:47, esa hora tan Boeing, todavía estoy despierto. Tuve tiempo de pensar en muchas cosas, pero no recuerdo ninguna. Quiero dormir, estoy cansado.

A las 8:12, esa hora tan Chaikovski, a pesar de mis pocas esperanzas, cae el telón para un pequeño entreacto, y me duermo otra vez.

A las 9:09, esa hora tan Beatle, viene Gabriel y me despierta con un grito, con un salto, de una vez y para siempre.

La esquina y sus partes

[27/6/2003]

Dignidad

[27/6/2003]

Hace falta un esfuerzo para conservar algo de dignidad al salir del consultorio del dentista.

La espera

[26/6/2003]

Retratos del ruido

[26/6/2003]

Crash

[25/6/2003]

[25/6/2013]

A esta altura parece necesario aclarar que había una propaganda, ya vieja en 2003, acerca de lo crocantes que resultaban ciertas papas fritas en bolsa. Decía: “Si hace crack es Bum”

El cielo

[25/6/2003]

Hacia atrás

[24/6/2003]

Miro hacia atrás y no puedo creer que este ya sea el post número mil de la Mágica Web. Mil. Quinientos más quinientos. Cien más cien más cien más cien más cien más cien más cien más cien más cien más cien.

Un montón de posts, y muchos de ellos demasiado largos para un weblog. Como el de las diecinueve fotos que puse la semana pasada. O el viejo texto que subí no hace mucho, que en papel ocupaba diez páginas.

Cuando empecé no sabía qué iba a pasar con la Mágica Web, y en los dieciséis meses que pasaron nunca lo supe. Tampoco ahora, excepto, por experiencia, que es excéntrica, exasperante, excesiva, y cambia imprevistamente.

Mi amiga Inés, a quien hace años que no veo, decía que yo era un exagerado. Si me ponía a hacer música, grababa decenas de cassettes. Si me ponía a escribir, me mandaba dos novelas al hilo. Si sacaba fotos… Inés tenía razón. Ahora me gustaría volver a hablar con ella, para mostrarle la mayor exageración de todas.