Etiqueta: Mágica Web

San Pedro

Foto por Eduardo Abel Gimenez

El ataque extraterrestre

Una historieta de Gabriel.

Dibujo de Gabriel

(Hacer click en la imagen para verla mucho más grande.)

Perfil

Foto por Eduardo Abel Gimenez

El Chango Reina

—El Chango Reina. Ese era bueno.

—¿Quién?

—El Chango Reina.

—No lo conozco.

—Era el mejor. Tocaba con dos dedos.

—¿Tocaba con dos dedos y era el mejor?

—Lo escuchás y te querés morir.

—Eso no me parece bueno.

—¿Qué cosa?

—Que te quieras morir.

—Te querés morir cuando ya viviste todo lo que querías.

—Pero también cuando sabés que no podrás vivir todo lo que querías.

—No es el caso.

—O cuando ya no aguantás lo que estás viviendo.

—Yo soy feliz.

—¿Y te querés morir por ser feliz?

—No, por haber oído al Chango Reina.

—¿Ese también se murió?

—Hace cincuenta años.

—Porque quiso, me imagino.

Se puede calcular

Se puede calcular cuánto tiempo lleva un auto parado en el mismo sitio por la cantidad de papeles de propaganda que tiene enganchados en los limpiaparabrisas.

La pantalla se nubla

La pantalla se nubla. Tengo sueño. Hay un relato en desarrollo atrás de ese vidrio curvo, pero pasa unos cinco centímetros por arriba de mi cabeza, errando el blanco. Hay una copa de vino aquí en el suelo, junto a mi pie izquierdo, que levanto y le regalo a mi mujer. Me despido del día y me voy a dormir.

Dejo la puerta entrecerrada, como siempre. Pero esta vez queda demasiado cerca del marco. Viene una corriente de aire, tal vez proveniente del relato que sigue allá dentro del televisor, y la golpea con suavidad. Nada grave. Apenas lo suficiente para que me dé vuelta en la cama y decida reaccionar, moverme, abrir la puerta un par de centímetros para que no vuelva a golpearse. Sin embargo, no lo hago: a esta hora, cuando trato de dormirme, es cuando tengo la cabeza más llena, cuando más cosas ocurren dentro de mí, y me olvido rápido de las decisiones.

La puerta se golpea otra vez, un ruido manso, delicado, muy irritante. Ahora sí, pongo un pie en el piso, giro la espalda con el dolor habitual en ese músculo cuyo nombre me gustaría saber, y un segundo más tarde estoy perfeccionando la distancia entre la puerta y el marco, midiéndola con los dedos de la mano derecha. Cuatro dedos, y la puerta no volverá a golpearse.

Ahora sí, me acuesto a pensar en muchas cosas frente a la luz apagada y, con suerte, dormir hasta mañana. Mañana es en realidad mi hijo Gabriel, que a las dos y cuarto viene a visitarme porque ha tenido una pesadilla. La vida es errática.

Miradas

Foto por Eduardo Abel Gimenez

Espejo espejito

Foto por Eduardo Abel Gimenez

Las nubes del día

Foto por Eduardo Abel Gimenez

Foto por Eduardo Abel Gimenez

Interminable

Eran las 32:75 de un día interminable.