




En 1986 compré una Commodore 64. Bueno, en realidad fue una Commodore 128, pero como el software interesante estaba hecho para la 64, la usé más que nada en “modo 64”, es decir simulando ser su hermana menor. (Lo valioso de tener la 128 fue usar mi primer procesador de textos, y dejar de lado la máquina de escribir.)
Además de un universo de juegos, la 64 traía algo muy novedoso en ese momento: se podía hacer música. Venía con un sistema de audio de tres voces, con varias formas de onda básicas y la posibilidad de meter mano en las envolventes (ataque, decay, etc.).
Hice música, entonces. Dejé los instrumentos “de carne y hueso” y me volqué por completo a la compu. Había un programa maravilloso, “The music studio”, publicado por Activision, con el que se podía escribir una partitura en la que cada nota, además de sus atributos normales, hacía sonar un “instrumento” de entre varios que se diseñaban de antemano. (No encontré mucha info en la Web sobre “The music studio”. Quien tenga un emulador de Commodore 64 y quiera bajarselo para verlo en la PC, puede probar en este sitio. Yo no lo pude hacer andar.)
Con “The music studio” le tomé el gusto a la música electrónica, a costa de cierto complejo de inferioridad porque todo sonaba medio “mal” y no era tan fino como tener un sintetizador. Me llevó tiempo superar ese complejo, incluso después de comprar sintetizadores y meterme en el mundo MIDI. Ahora sé que hay un culto en torno a la música de Commodore 64. Por ejemplo, existe “The High Voltage SID Collection”, un abrumador tesoro de composiciones hechas en C64, disponibles en el formato original, y un plugin para oírlas en Winamp [no, ese plugin ya no está – nota del 15/5/2018]. También el blog C64Music!, dedicado exclusivamente al tema. Y mucho más, para quien tiene ganas de buscar.
Al poco tiempo empecé a usar un programa de Ryo Kawasaki, llamado Kawasaki Synthesizer, que funciona como un sintetizador: se toca con las dos hileras superiores de teclas de la computadora. La gracia es que usa las tres voces de la computadora para generar un único sonido, mucho más rico y complejo. Trae un centenar de “presets” que suenan de muchas maneras sorprendentes, y es posible editarlos para buscar nuevas combinaciones.
El programa de Kawasaki y un Portastudio de cuatro canales me permitieron grabar otro tipo de cosas, y así entré en una segunda etapa de mi adicción a lo electrónico.
Aquí ofrezco los primeros temas que compuse con la Commodore, todos durante 1986. Del 1 al 9 están hechos con “The music studio”. Los tres siguientes, los más largos, tienen una base de “The music studio” y suman sonidos tocados con el programa de Kawasaki. Más detalles, en las notas correspondientes a cada uno. Esta música llega hasta aquí tras haber dormido en un cassette de audio durante veinte años.
Se puede escuchar cada tema directamente desde esta página. Los archivos están alojados en Internet Archive, de donde se pueden bajar.
Rumba eléctrica
Es un tema con variaciones, aprovechando los mejores recursos de “The music studio”. Una vez hecha la base, la copié varias veces e hice cambios y agregados a cada copia. Con frecuencia parece que hubiera más de las tres voces que ofrece la Commodore 64: el truco se logra haciendo que cada voz cambie de timbre rápidamente, una y otra vez. En ningún momento hay más de tres sonidos simultáneos. El nombre lo sugirió Lizán [este link ya no anda – nota del 15/5/2018]: “Parece una rumba eléctrica”, dijo en cuanto lo empezó a escuchar.
Patitas
Un tema bien melódico, excepto por la humorada de las “patitas” que se entremezclan cada dos por tres.
Máquinas en tránsito
Un tema deliberadamente mecánico. Un par de años más tarde hice una versión con sintetizador y secuenciador MIDI, igual que con otros de los temas que muestro aquí. “Máquinas en tránsito” terminó siendo el título del primer cassette con música de sintetizador que publiqué por mi cuenta, en 1989. (Con el tiempo espero publicar en La Mágica Web toda esa música.)
Pompa
Un experimento medio barroco. La gracia principal es que conseguí trinos más o menos convincentes haciendo notas ligadas.
Historia en dos
Ah, la percusión en la Commodore 64.
Sinfín
Una cruza extraña: música medieval en la C64.
Casi milonga
Otro tema con variaciones, a la manera de la “Rumba eléctrica”. Me divertí mucho haciendo el cambio de estilo de la última parte.
Shanti
Hice este tema a los dieciocho años, con flauta dulce y guitarra. Esta versión, trasladada nota a nota, parece tocada por un jueguito infantil.
Otra simbiosis
Cruce de influencias, estilos e intenciones. Hay algo del Genesis de principios de los ’70, algo de Vivaldi, y más de un toque aleatorio logrado al copiar y pegar trocitos de música.
Formas de crecer
Acá aparece el Kawasaki Synthesizer. Los primeros tres minutos y medio son puro “Music studio”, experimentando con métodos para aparentar más de tres voces. Y entonces hacen su aparición el Kawasaki y los cuatro canales del Portastudio (además de ser la primera grabación en estéreo de todas las que aparecen acá). La última parte del tema es la primera improvisación auténtica que logré con la C64, humor incluido.
Casi minimal 1
Otro tema largo, más de nueve minutos, que evoluciona y toma velocidad muy lentamente. Igual que el anterior, base de “Music studio” y pistas adicionales de Kawasaki.
Casi minimal 2
Con doce minutos, este es el tema más largo de todos. Está construido de un modo especial. Hay una base bastante breve hecha con “The music studio”, repetida muchas veces. Pero nunca suena igual, porque usé la posibilidad que daba el programa de modificar parámetros en tiempo real, improvisando a lo loco con los “botones”. A esa base cambiante se suman tres pistas de sonidos del Kawasaki, también cambiantes y combinados de modo aleatorio. Me acuerdo que este tema era el favorito de Jorge Varlotta, que se lo escuchó entero varias veces.
Tengo más música hecha con la Commodore 64, que espero publicar aquí en otras dos entregas.
Propaganda. Publicidad clásica, no innovadora, estéril y poco cool. Será reemplazada por las variantes que exponemos a continuación.
Proparranda: Publicidad fiestera.
Propasanda: Publicidad que se pasa de rosca.
Propatanda: Serie de avisos sin solución de continuidad. O sin solución, a secas.
Propuganda: Publicidad de cierto país africano.
Propapaganda: Publicidad católica.
Prepaganda: Publicidad que se paga de antemano, con un abono mensual.
Propamanda: Publicidad autoritaria.
Propabanda: Grupo de músicos que se dedica a los jingles.
Propapanda: Publicidad en la que actúa un animal redondeado, blanco y negro, que come bambú y suele estar en peligro de extinción.
Procaganda: Publicidad escatológica.
Tropaganda: Publicidad bélica.
Propagandadá: Publicidad dadaísta.
Propagansa: Publicidad estúpida.
Propagana: Publicidad en un escenario win-win.
Propagranda: Publicidad de talle XL.
Porpaganda: Publicidad multiplicadora.
—Tengo una idea para un sitio en la Web —me dijo Gabriel, mi hijo, que ahora tiene diez años—. Aparecen los nombres de dos jugadores de fútbol, y tenés que elegir cuál te parece mejor. Y con avisos, así ganamos plata.
—Bueno —le contesté, mientras me acordaba de Ning, un servicio que permite hacer cosas así.
Hubo avances y retrocesos, cambios de opinión, y una hora después lo teníamos: Best of Soccer (en inglés porque Ning no ofrece otros idiomas, y traducir toda la aplicación es un problema).
Gabriel ya anotó un montón de jugadores, y promete más.
Querido visitante de La Mágica Web: estás invitado a Best of Soccer y, te guste o no el fútbol, votar por los mejores jugadores.
Son setecientos treinta cajones. Algunos están con llave. Algunos están en otro edificio. Algunos son imaginarios, o apenas recordados. Seguramente hay cajones vacíos, y cajones tan llenos que no se los puede abrir. Unos cuantos están etiquetados, otros tuvieron etiquetas pero ya no, y me queda un montón de etiquetas en blanco, apiladas en alguno de los cajones sin etiquetar.
El plan es organizar el contenido de los cajones y ponerlo en carpetas, y con esas carpetas llenar estantes. No sé por dónde empezar, si por los cajones más próximos o por los más fáciles, o por los más tentadores, o por los obligatorios. Tal vez vaya a comprar unas carpetas, o unos estantes. Tal vez vaya a medir la pared para los estantes, o pregunte por el precio de las estanterías en el negocio nuevo de la otra cuadra. Tal vez haga unos garabatos en un papel y lo guarde en ese cajón de arriba a la izquierda, el nuevo, el que empecé ayer a la tarde.
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