




por Eduardo Abel Gimenez
Propaganda. Publicidad clásica, no innovadora, estéril y poco cool. Será reemplazada por las variantes que exponemos a continuación.
Proparranda: Publicidad fiestera.
Propasanda: Publicidad que se pasa de rosca.
Propatanda: Serie de avisos sin solución de continuidad. O sin solución, a secas.
Propuganda: Publicidad de cierto país africano.
Propapaganda: Publicidad católica.
Prepaganda: Publicidad que se paga de antemano, con un abono mensual.
Propamanda: Publicidad autoritaria.
Propabanda: Grupo de músicos que se dedica a los jingles.
Propapanda: Publicidad en la que actúa un animal redondeado, blanco y negro, que come bambú y suele estar en peligro de extinción.
Procaganda: Publicidad escatológica.
Tropaganda: Publicidad bélica.
Propagandadá: Publicidad dadaísta.
Propagansa: Publicidad estúpida.
Propagana: Publicidad en un escenario win-win.
Propagranda: Publicidad de talle XL.
Porpaganda: Publicidad multiplicadora.
—Tengo una idea para un sitio en la Web —me dijo Gabriel, mi hijo, que ahora tiene diez años—. Aparecen los nombres de dos jugadores de fútbol, y tenés que elegir cuál te parece mejor. Y con avisos, así ganamos plata.
—Bueno —le contesté, mientras me acordaba de Ning, un servicio que permite hacer cosas así.
Hubo avances y retrocesos, cambios de opinión, y una hora después lo teníamos: Best of Soccer (en inglés porque Ning no ofrece otros idiomas, y traducir toda la aplicación es un problema).
Gabriel ya anotó un montón de jugadores, y promete más.
Querido visitante de La Mágica Web: estás invitado a Best of Soccer y, te guste o no el fútbol, votar por los mejores jugadores.
Son setecientos treinta cajones. Algunos están con llave. Algunos están en otro edificio. Algunos son imaginarios, o apenas recordados. Seguramente hay cajones vacíos, y cajones tan llenos que no se los puede abrir. Unos cuantos están etiquetados, otros tuvieron etiquetas pero ya no, y me queda un montón de etiquetas en blanco, apiladas en alguno de los cajones sin etiquetar.
El plan es organizar el contenido de los cajones y ponerlo en carpetas, y con esas carpetas llenar estantes. No sé por dónde empezar, si por los cajones más próximos o por los más fáciles, o por los más tentadores, o por los obligatorios. Tal vez vaya a comprar unas carpetas, o unos estantes. Tal vez vaya a medir la pared para los estantes, o pregunte por el precio de las estanterías en el negocio nuevo de la otra cuadra. Tal vez haga unos garabatos en un papel y lo guarde en ese cajón de arriba a la izquierda, el nuevo, el que empecé ayer a la tarde.
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