[16/7/2003]
[16/7/2003]
Gabriel dibujó un gato que parece hecho de guantes.
[16/7/2003]
Es en esa línea del piso donde está la verdad, no en otra parte. Se equivocan quienes buscan junto a la pared, donde quedó el zapato, o al pie de la cama, donde cayeron los anteojos. Otros rastros son incluso posteriores, como la llave torcida en la puerta del placard, resultado del tropiezo de un enfermero, o el velador caído, que fue a parar al suelo cuando el mismo enfermero, tratando de no caerse del todo, acabó enganchando una pierna en el cable eléctrico. Y los hay anteriores, muy anteriores, como el vidrio rajado en la ventana, el fragmento de zócalo faltante, y el libro abierto, con el lomo hacia arriba, que apareció en el rincón, bajo la silla. También tratan de asociar al hecho la frase escrita con letra casi ilegible en la pared, sobre la cama, cerca del techo, aunque nadie haya podido explicarla. O la cucaracha muerta mucho tiempo atrás que apareció entre las sábanas. O la mancha de sangre fresca de la media izquierda, no asociada a ninguna herida. O el gato que salió corriendo de abajo de la cama cuando la policía echó abajo la puerta. Mucha lupa, mucho análisis, mucho informe escrito torpemente en una máquina de oficina gris con tubos fluorescentes, pero dejan de lado lo obvio, la línea entre estas dos baldosas, la que está floja y la que tiene una esquina partida. Ahí golpeó la cabeza.
[14/7/2003]
[14/7/2003]
Cuando llegaba del trabajo, siempre a la misma hora de la tarde, siempre en el mismo lugar, siempre con la misma intensidad, daba un puñetazo en este lugar de la pared.
Acá, en la zona que ahora está marcada con un círculo de tiza. Pueden ver las marcas que fue dejando.
Abría la puerta, entraba al departamento, cerraba la puerta, daba media vuelta y pegaba el puñetazo en la pared, con la mano bien apretada, un poco de costado, martillando con el lado del meñique que es el que menos duele pero el que produce el ruido más satisfactorio. Siempre a la misma hora de la tarde, siempre en el mismo lugar, siempre con la misma intensidad.
Hagan la prueba, si quieren. No dentro del círculo sino más allá, a la derecha, donde la pared está limpia. ¿Ven el resultado? ¿Lo oyen? Es una buena descarga.
Así iba dejando pequeños rastros de grasa, de sudor, de la tinta del diario que había leído unas horas antes. Las huellas que poco a poco formaron esta nube negra que podemos ver. Si analizáramos la nube al microscopio seguramente encontraríamos un método para contar los días, las semanas, los meses, los años en que repitió el ritual, desde que empezó a trabajar hasta la crisis. Siempre a la misma hora de la tarde, siempre en el mismo lugar, siempre con la misma intensidad. También podríamos interrogar a los vecinos, preguntarles si usaban el ruido del golpe para poner en hora los relojes.
Pero esas pesquisas no interesaron a la policía ni al juez, y nosotros no llegaremos a hacerlas. El tribunal dio permiso al dueño del departamento para que lo vuelva a alquilar. Esta tarde vendrán a pintar la pared, y ya no quedarán vestigios de la persona que hoy nos ocupa.
[14/7/2003]
“Hace ya un tiempo que están circulando mensajes de correo electrónico cuyo texto viene en formato JPG”, dice hoy un artículo de La Nación Line. “Usted dirá que ésa es una extensión de imágenes digitales, no de texto.
“(…) ¿Cree que es un disparate? Por supuesto que lo es, pero -para que no queden dudas- desmenucemos los motivos por los que enviar texto en formato JPG le complica la vida no sólo al remitente y al destinatario, sino a todos los demás usuarios de Internet.”
El columnista (que firma Ariel Torres y también, en la misma página, Eduardo Dahl) sigue y sigue con el tema, muy sorprendido por el trabajo que se toma el emisor del mensaje. Aparentemente no se da cuenta de lo más obvio: se trata de otro truco de los spammers. Los filtros antispam no pueden analizar una imagen del mismo modo que un texto, y por eso los spammers han decidido usar imágenes. Lo veo muchas veces por día en mi Inbox. Más aún: esas imágenes suelen estar en algún servidor, no incluidas en el mensaje, de manera que con sólo ver el spam en cuestión hacemos un llamado al servidor y mostramos que nuestra dirección de email es válida.
¿Alguien le puede contar esto a Torres-Dahl?
Ahora el artículo está acá. Con el tiempo, mi observación se fue haciendo más y más obvia. Lo triste, hoy, es que muchas gacetillas “legítimas”, de espectáculos, presentaciones de libros, y toda clase de afines, vienen en jpg. Los llaman “flyers” (“volantes”, pero en inglés que queda fino), y los hacen diseñadores. A quienes los mandan les encantan porque se ven bonitos. A quienes los recibimos no tanto (y no entiendo por qué no se dan cuenta quienes los mandan, porque seguro que también los reciben). Y ni que hablar cuando uno quiere reproducir datos en otro lado para difundirlos: fecha, lugar, nombre del evento, todo se convierte en un mal karma en forma de tipeo.
[13/7/2003]
Está en una pared de la calle Echeverría, entre Crámer y Vidal, en el barrio de Belgrano. Como muchos otros graffiti (si es que también se los llama graffiti cuando no dicen una frase ingeniosa), es una obra de arte. Además, parece la firma de un artista, un Fern que tambien podría emplear las paredes de algún centro cultural o un museo para sus producciones futuras. (Si es que no lo está haciendo ya.)
[13/7/2003]
No deja de ser curioso que OK tenga un significado más o menos opuesto a KO.
Sería aún más curioso un idioma en el que “sí” se dijera “on”, “blanco” fuera “orgen”; “joven”, “ojeiv”; “siempre”, “acnun”; “par”, “non” (epa, aquí hay un problema).





