Al infinito

Luchadores del espacio

Luchadores del espacio, de Laetitia Hungtingsworth, una novela que no existeJones enfundó la pistola láser y miró a su alrededor. Los alienígenas, esta vez, no pudieron devolverle la mirada. Yacían revueltos entre las piedras de la costa, vencidos por la puntería de Jones y la miopía que les generaba la atmósfera terrestre.

El triunfo tenía un sabor amargo. Jones volvió la vista a sus pies, donde estaba el cuerpo del piloto Cooper.

—Adiós, amigo —dijo con voz quebrada.

Del equipo de Jones solo quedaba Yip, el perro. Los navegantes, los científicos, los otros soldados, todos habían muerto durante las sucesivas incursiones de los alienígenas. Jones era el último sobreviviente de la expedición a la isla.

El descubrimiento de la miopía alienígena era un gran avance, el punto débil del enemigo que podía salvar a la humanidad. Pero había llegado tarde. Con el navío destruido y la radio rota, Jones no tenía manera de hacer saber la noticia al resto del mundo.

Debía encontrar el modo de salir de este sitio.

A sus espaldas, Yip empezó a ladrar. Jones llevó la mano a la pistola láser y dio media vuelta. Lo que vio lo llenó de terror, y a la vez le dio la esperanza que hasta ese momento no tenía.

(Así empieza Luchadores del espacio, de Laetitia Hungtingsworth, una novela que no existe. Fuente de la imagen: Wikimedia.)

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