Recorro fotos de los últimos meses en la pantalla de la computadora y encuentro esta, tomada en Mar del Plata a fines de julio pasado, desde el noveno piso de un edificio, con el simple método de sacar la cámara para afuera hasta donde llegaba el brazo y disparar:

Como de costumbre, la amplío hasta ver punto por punto. Me parece interesante este auto:

Pero más que el auto, el parabrisas. ¿Qué es eso que se refleja en el parabrisas? Nueva ampliación:

Una cara. Hay una cara reflejada en el parabrisas. Seguramente viene de un afiche, un gran cartel en alguna parte. ¿Pero dónde?
Por el ángulo del parabrisas, la cara debe de estar a mi derecha (o lo que era mi derecha al momento de sacar la foto). Y da la casualidad que unos segundos antes de esta foto saqué otra, apuntando justamente a la derecha:

Pero ahí no hay nada que se parezca a esa cara. Amplío la imagen, la estudio bien. Ningún resultado.
¿Entonces?
Vuelvo a la imagen inicial, la amplío más todavía:

Sigo creyendo que la cara está ahí. Un poco deforme, pero está. Hasta podría haber otra cara a la izquierda, más deforme todavía.
¿Qué pasa? Entonces se me ocurre que bajo el parabrisas hay una revista. En la tapa de la revista, una foto. Y la revista se mezcla con el reflejo, para hacerme las cosas complicadas.
Me quedo con esa explicación, un poco frustrado, sin convencerme del todo. Allá en el fondo, en ese lugar con poca luz donde se apilan los restos más inclasificables de una vida, empieza a juntar polvo otro misterio absurdo.